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Alberto Fernández sacó una gran ventaja y a Mauricio Macri se le complica la reelección

El primer vaticinio se cumplió: las primarias para seleccionar las fórmulas presidenciales se polarizaron al máximo. Otro pronóstico quedó validado a medias: la mayoría de las encuestas le adjudicaban ventajas a la fórmula del Frente de Todos, Alberto Fernández-Cristina Kirchner, pero pocas calcularon una diferencia tan pronunciada como la que marcó el escrutinio provisorio.

Con esos datos, a Mauricio Macri se le hará más que complicado remontar el resultado en las elecciones generales del 27 de octubre y mantener vivo el sueño de reelección. De hecho, el búnker kirchnerista celebraba las proyecciones del resultado como el preanuncio de un virtual triunfo sin balotaje (que de ser necesario se hará en noviembre).

Es que de acuerdo a las particulares reglas electorales que rigen en el país,. para ganar en primera vuelta el candidato que obtiene más votos necesita superar la barrera del 45%. La otra posibilidad para hacerlo es sumar más del 40% y sacarle diez puntos de diferencia al segundo.

El Presidente inició la campaña debilitado por el peso de la crisis económica. Y dio un golpe de efecto para tratar de contener a parte de los desencantados con su gobierno, ampliando los márgenes de su alianza. Así fue que sumó a la fórmula a Miguel Pichetto, hasta entonces jefe de la oposición en el Senado.

Cambiemos trocó en Juntos por el Cambio, conservando la sociedad entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, más el plus del puñado de peronistas que sumó el vice. Quedó a la vista que no le resultó suficiente para revertir la imagen de su gestión.

Antes de esa movida, Cristina -que carga con 13 procesamientos y 7 pedidos de prisión preventiva por corrupción- había realizado su propia jugada sorpresa. Cuando su compacto grupo de fieles esperaba su retorno a la carrera presidencial decidió ungir a su ex jefe de Gabinete y se reservó el segundo lugar de la fórmula.

El binomio consiguió alinear a la mayoría de los gobernadores peronistas y sobre el cierre de listas sumó a Sergio Massa -que había salido tercero en las presidenciales de 2015-, y le cedió la primera candidatura a diputado nacional por la Provincia.

Pasadas las 22, cuando aún no se había dado a conocer ningún cómputo oficial, Macri subió sorpresivamente al escenario del búnker oficialista, en Costa Salguero, para reconocer la derrota. “Hicimos una mala elección”, le dijo a sus seguidores. Habló de“dificultades”, “angustia” y “dudas” que relacionó a su gestión.Y pese a la magnitud del tropiezo llamó a su tropa a ”redoblar esfuerzos para que en octubre logremos el apoyo para continuar con el cambio”.

Los primeros datos oficiales se conocieron recién a las 22.30, una hora y media después del horario habilitado para publicar los resultados. El Gobierno justificó la demora en la orden que dio temprano la jueza electoral María Servini para que no se dieran a conocer cómputos hasta que se hubiera cargado al menos el 10% de los votos de los cuatro distritos más grandes: Capital, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. La magistrada se hizo eco así del pedido del kirchnerismo para acentuar los controles sobre el escrutinio provisorio, a cargo de la empresa anglo-venezolana Startmatic, y así despejar sospechas de manipulación de los datos.

En el momento de ingresar al campamento kirchnerista, en un salón del barrio de Chacarita, seguro ya de la tendencia electoral favorable, Alberto Fernández declaró que “conmigo la grieta se acabó para siempre, y la venganza también”. Más tarde, con los resultados confirmados, hizo una arenga triunfalista ante cientos de militantes. Dijo que “el verdadero cambio éramos nosotros, no ellos” y le hizo un guiño a los mandatarios provinciales. “Acá van a gobernar los 24 gobernadores y un presidente”, subrayó.

La ex presidenta esperó los resultados en Río Gallegos, adonde viajó a votar, y envió desde su casa un video en el que celebró que “los ciudadanos se hayan dado cuenta que las cosas tienen que cambiar” y aseguró que “los argentinos hemos dejado de ser felices” con este gobierno.

Aunque la fórmula Macri-Pichetto cayó en casi todo el país (se imponía sólo en Córdoba y Capital), el golpe más duro fue, por su peso estratégico y numérico, el que recibió en la provincia de Buenos Aires. Allí, además, el fracaso electoral arrastró a la gobernadora María Eugenia Vidal, que quedó muy atrás del candidato kirchnerista, Axel Kicillof, en la primaria local. En ese distrito la elección se define en octubre por mayoría de votos, ya que no hay balotaje.

El único motivo de alivio para el macrismo fue el festejo de Horacio Rodríguez Larreta en las PASO porteñas. El jefe de Gobierno le sacó una clara diferencia al candidato K, Matías Lammens, aunque el presidente de San Lorenzo pudo alimentar ante los suyos la expectativa de ir a segunda vuelta. En Capital, para ganar en octubre sin balotaje hará falta superar el 50% de los votos.

En un lejano tercer lugar de las presidenciales se ubicó Roberto Lavagna, de Consenso Federal. Otros tres candidatos también superaban el piso del 1,5% para poder competir en octubre: Nicolás del Caño (Frente de Izquierda), Juan José Gómez Centurión(Frente Nos) y José Luis Espert (Unite). Cinco fuerzas que quedaron eliminadas por no atravesar esa barrera. Votó el 76% del padrón.

En Santa Cruz, la única provincia donde ayer se elegía gobernador, el radical Eduardo Costa volvió a fallar en su intento de acabar con casi tres décadas de dominio kirchnerista. En el marco de la Ley de Lemas, Alicia Kirchner se perfilaba para asegurarse la reelección. También en las PASO de Catamarca el PJ superaba ampliamente a Juntos por el Cambio.

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