octubre 4, 2022
Ciudad Cultura

Apuntes sobre la Calle Defensa

Pavimentación, Desagües y Topografía o La Meseta fundacional.

A fines del 1700, se la conocía como la Calle Mayor o Real. Algunos también le decían “el camino en el Alto” y, a partir del año1869, se la comenzó a llamar con el nombre actual: Defensa. Siempre estuvo ubicada sobre lo que históricamente se conocía como “la meseta fundacional”.

En la actualidad, su extensión recorre tres barrios: desde Plaza de Mayo hasta la calle Chile en Monserrat; desde Chile hasta Martín García en San Telmo y desde, Martin García hasta el Riachuelo en Barracas.

En ese momento seguía siendo la columna vertebral por donde transcurría el progreso de Buenos Aires. Su continuación, la actual Regimiento Patricios, estaba en pañales, era un simple sendero, siempre inundado y al llegar en línea recta al Riachuelo resultaba algo complicado… El trayecto que había que seguir para arribar al nuevo puerto, arrancando desde la Plaza Mayor, no era nada directo y cruzaba terrenos con distintas topografías.

En 1776, el virrey Vértiz solicitó al Cabildo mejorar el estado deplorable de las calles en general y de Defensa en particular. Se necesitaba dar una inmediata solución para los dos tipos de tránsito: el peatonal y el de tracción a sangre (carros y diligencias). En otras palabras, la ciudad necesitaba de veredas, ir caminando a San Telmo desde la Plaza Mayor era como pensar en llegar a la Luna, las calles de puro barro eran intransitables…

Con el virrey Arredondo (hasta 1780) nació, más por intrigas palaciegas que por escuchar las necesidades de la gente, la decisión de “empedrar “. En principio, su idea era hacerlo en las treinta y seis calles alrededor de la Plaza Mayor. El trabajo se inició en 1770, con piedra de la Isla de Martín García, traída por un comerciante cuyo apellido se hizo famoso en la Revolución de Mayo: Miguel de Azcuénaga. Así, las tres primeras cuadras de la calle Defensa fueron pavimentadas usando “el empedrado Bruto” y fue la primera pavimentación del país obviamente en el marco de una concepción colonial española.

Vecinos sobre el primer empedrado.

De esta forma ya no hubo barro en esos primeros 300 metros desde la Plaza hacia el Sur y así se podía ir a la Iglesia con los pies limpios. Pero trajo otro problema: era una calzada de una superficie muy irregular (ver dibujo), que cualquier parroquiano caminando distraído podía sufrir las consecuencias doblándose el tobillo. No era lo mismo para los caballos y los bueyes, pero siempre había alguno que también caía. A esto se le sumaba el ruido ensordecedor del paso de los carruajes, tanto que por las noches nadie podía dormir y ahí emergían los reclamos de los vecinos.

El “empedrado bruto” se colocó también en el tramo que comenzaba después del Parque Lezama, bajando la barranca, en las primeras cuadras de la Calle Larga. En esta zona duró menos por ser más baja y por la acción de las inundaciones. En estas primeras experiencias del empedrado bruto influyeron, llamativamente, técnicos que venían de Francia y que tenían una visión diferente. Ellos fueron los que agregaron lajas horizontales en las zonas donde pisaban las ruedas de los carruajes, lo que hizo el paso más confortable y redujo notablemente los ruidos. Ese tipo de la calzada se llamaba trotadora. Era época que los virreyes del Rio de la Plata aceptaban ideas de los franceses.

Empedrado bruto con trotadora.

Comportamiento hidráulico a lo largo de nuestra calle:

Dibujo del perfil topográfico Norte-Sur coincidente con el de la calle Defensa-Planimetrías de los Arroyos.

Dibujo del perfil topográfico Norte- Sur coincidente con el de la calle Defensa – Planimetrías de los Arroyos.

En la calle, en ese momento llamada Mayor, donde la altura promedio de la meseta es de 20 a 38 metros, hay que distinguir desde el punto de vista topográfico tres tramos: El primero desde la Plaza Mayor hasta el valle del Arroyo Tercero del Sur (al 650 de la calle), le decían Valle de Inundación (en 1791, llamado Zanjón de Viera y luego de Granados). El segundo desde el arroyo hasta el Parque Lezama (al 1400). El tercero desde el parque hasta el Riachuelo (por actual calle Regimiento Patricios al 3300). En este tramo está incluido el valor más alto de desnivel existente (de 13 a 14 metros) para bajar del barranco, es el trayecto que iba por una zona inundable, conocida como los Bañados de Pereyra.

Cada tramo guardaba determinadas características:

Primer tramo: Se desplegaba arriba de la vieja “mesetita”, con una pendiente en bajada (aproximadamente en un 2%). El agua corría desde la Plaza de Mayo (la cota más alta es la Catedral) hacia el Arroyo Tercero del Sur. Luego, se registraba un ascenso con una pendiente menor, pasando por los Altos de San Pedro (actual plaza Dorrego) y seguía subiendo hasta llegar al Parque Lezama. En este lugar caía estrepitosamente para entrar en la meseta del tercer tramo.

Hasta el Parque Lezama las crecientes del Río de la Plata generalmente no afectaban a nuestra calle, se podía transitar hasta en días de lluvias no muy intensas, aunque la calzada era puro barro y, al no tener vereda, al peatón se le hacía difícil recorrerla, pero a caballo no había problemas.

Cuando las lluvias eran intensas pasaba otra cosa: ese primer tramo tenía una pendiente muy importante, el agua llegaba a correr a lo largo de la calzada hacia el Zanjón, era la causante de grietas y lagrimones profundos.

Segundo tramo: El otro caudal de agua que venía hacia el Zanjón desde el parque Lezama (o actual calle Brasil) no era tan rápido, pero agua corriendo al fin.

Tercer tramo: Ni hablar del espectáculo que era cuando el agua de lluvia caía desde el parque Lezama hasta la calle Martin García (pendiente 10%), una verdadera catarata.

Cuando paraban las lluvias se veía el daño que ocasionaban en la estructura de la calle y aledaños.

Foto donde arranca el tercer tramo.

Foto donde arranca el tercer tramo

Paraban las lluvias y empezaba una etapa de reparaciones importantes, que en algunos casos las hacían los dueños de los solares. Tiraban arena, que la tenían cerca porque las extraían de las orillas del Río de la Plata ya que estaban -en algunos casos- a no más de 150m. Obviamente el nivel de ese río era más bajo que el de la calle, por lo tanto en todo el largo era inevitable que el agua que corría tuviera tendencia a fluir hacia el este, erosionándola transversalmente. La reparación con la arena quedaba bastante bien pero dejaba un vestigio de “aserrado” (término del argot vial) en la calzada.

Cuando el Arroyo Tercero del Sur salía de su cauce en días y temporadas de muchas lluvias llegaba a cubrir hasta dos cuadras. La calle desaparecía a lo largo de unos 300m y, desde cada una de sus orillas, los vecinos veían un espectáculo único: la fuerte corriente arrastraba de todo, muebles, vacas y todo lo que se interponía en su camino. En ese momento, obviamente, era imposible cruzarlo por varias semanas. Los Altos de San Pedro, en oposición a su nombre, no era un lugar mucho más alto pero servía como un espacio seguro donde esperar, con paciencia, que las aguas bajen.

En 1762, el virrey Ceballos intentó emparejar los niveles de la calle, sin embargo su iniciativa no prosperó. En 1777, los vecinos, autorizados por el virrey Bucarelli, construyeron un puentecito y contaron con la intervención del ingeniero Howel. Lo llamaron el Puente del Hospital, aguantaba pero por poco tiempo (no hay datos de que alguna vez el arroyo se lo haya llevado).

En 1780 el virrey en ejercicio y también los dueños de las propiedades de la zona, tenían una gran preocupación por las inundaciones. Entonces, empezó a circular la idea de construir entubamientos que sirvieran para canalizar el torrente hidráulico. Se supone que era una antigua idea que habían dejado los jesuitas. Los vecinos comenzaron a construirlos para así poder edificar ya que hasta contaban con hornos de ladrillos. Eran conscientes que al domar esa corriente sus propiedades adquirirían un mayor valor. Hicieron un entubamiento muy irregular. A la calle no se le hizo ningún entubamiento, quedó a cielo abierto. Estos entubamientos (que también llamaron túneles) debajo de las edificaciones, empezaron a funcionar a fines de ese año (ver: El Zanjón de Granados). Los entubamientos protegían las casas pero no servían para pasar por la Calle Mayor.

Había días y lugares donde se juntaban todas las calamidades, es decir, se daban lluvias intensas, se producían crecientes y subía la marea por la sudestada. Cuando el temporal azotaba, desde la actual calle Balcarce hasta el Río de la Plata, el Arroyo Tercero del Sur, ahora con un solo brazo, fluía torrentosamente y las carretas tiradas por los bueyes se largaban por el Camino del Bajo (actual Paseo Colón, L.N.Alem), que tenía piso de arena.

Carretas en el Camino del Bajo.

Carretas en el Camino del Bajo

Muy diferente era el tercer tramo: un limitado sendero (coincidente con la traza actual de la calle Regimiento Patricios) que llegaba al Riachuelo pasando la barranca existente (actual Parque Lezama). Apoyado en un llano muy bajo, cuya altura es de 3m sobre el nivel del mar, campos abiertos que cualquier lluvia los afectaba siendo muy pocos los días que no estaba inundado. Al tener una pendiente suave hacia el Riachuelo demoraba mucho el retiro de las aguas para poder pasar. Se ponía más difícil cuando el Riachuelo crecía y la calle se convertía en una verdadera hidrovía. Le pasaba lo mismo que a su barrio vecino: La Boca. Toda esa zona llegaba a estar hasta siete días bajo el agua. Los vecinos en vez de tener carruajes carros o caballos se proveían de canoas. Recién en el año 1784, bajo el gobierno del Francisco de Paula Sanz, se empezaron a resolver los problemas de desagües en la ciudad, al mismo tiempo que se comenzó a hacer el pavimento de piedra. Mucho tiempo después, hace pocos años, se levantó el nivel de la costa del Riachuelo y en Barracas se elevó el nivel de las calles. Desde entonces no se inunda más.

Fuente: Sol de San Telmo

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