agosto 10, 2022
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EL LADO PERIODÍSTICO DE MARIANA ENRÍQUEZ EN UN SOLO LIBRO

21 de enero, 2021

Mientras en EE.UU asume la presidencia Joe Biden y Madrid está de luto por la explosión y derrumbe de un edificio, en Argentina avanzamos con la vacunación de la Sputnik V y atravesamos un enero con días agradables. Hace exactamente un año, el 20 de enero de 2020, solo cuatro países habían reportado casos de coronavirus: Japón, Tailandia, Corea del Sur y, claro, China. En el mundo había tres muertos y tan solo un poco más de doscientos casos. Otra vida. Pero aquí, ahora, vamos a intentar, como siempre, armar un oasis y dispersarnos de la actualidad. Y de esto último es, precisamente, de lo que vamos a ocuparnos.

Porque tres libros de aparición reciente recopilan el trabajo periodístico de Mariana Enriquez, Leila Guerriero y Fabián Casas, exhibiendo las columnas de cada de unx de ellxs en distintos diarios y revistas, y su mundo íntimo, lecturas, recuerdos y las más diversas reflexiones.

Son escritos semanales que aparecen en la prensa para disiparnos de lo urgente, intentando llevar un poco de frescura entre noticia y noticia, contando una historia, una deriva, un punto de vista y que conforman una aproximación personal al pensamiento y trabajo de estxs tres escritorxs argentinxs  contemporánexs.El otro lado, Teoría de la gravedad y Papel para envolver verduras. Biografías no biografiadas, estos libros compilan un universo de crónicas, perfiles, retratos y ensayos, con una escritura magistral, que nos acerca a lxs autorxs a partir de la no-ficción.

En El otro lado, un volumen de 700 páginas publicado por la Universidad Diego Portales (Chile) y con edición a cargo de Leila Guerriero, se compilan los escritos de Mariana Enríquez desde el 2001 en adelante. Sus artículos en Radar, en la revista El Guardian, en la uruguaya Freeway, entre otras, pero también textos para presentaciones, charlas y talleres tienen lugar en el extenso cuerpo que va del “Mundo Privado” a los “Fetichismos”, “Retratos a mano alzada” o “Iluminaciones, descubrimientos, revelaciones”.

El libro inicia con la fuerza de “Cómo empecé”, un texto escrito para una conferencia en 2018 en en el que Enriquez dice: “No escribí mi primera novela porque quería ser escritora, ni porque quería publicar, ni porque conocía a escritores y los admiraba y quería ser como ellos. La escribí porque no encontraba nada ni nadie que contara lo que me pasaba y lo que yo mismo leía en los libros que compraba”. A partir de ahí, entramos en el mundo de la escritora que, a retazos, nos contará sus obsesiones, temores, gustos y placeres. En “No fue mejor” arremete contra la nostalgia de los ochenta y en “Perdiendo amigos” cuenta que se ve alejada de su círculo de amistades, todos padres y madres, porque ella no tiene hijxs: “No entiendo por qué la compulsión humana por reproducirse es tan fuerte”.

En El otro lado hay música (Bruce Springteen, Nick Cave, Kurt Cobain), libros (los “Dioses Oscuros”, Lovecraft, Poe, Bram Stoker y Mary Shelley), cine (River Phoenix, Anjelica Huston, Werner Herzog y Robert De Niro),gatos, y más gatos. Cada columna de Mariana Enriquez es un disparador, como una enciclopedia, a innumerables nombres, episodios y circunstancias. Hay viajes, confesiones y lamentos, historias increíbles e historias súper sencillas, cotidianas, pero que encantan por lo bien contada. Reclamos, parodias, humor y quejas. En “Aflojen con las tetas” sentencia “el hombre porteño no está acostumbrado a ver un par de tetas. Es la única explicación que le encuentro a lo que ocurre cada vez que salgo a la calle”.
Hay madrugadas, muchas madrugadas y amaneceres: en la plata ochentosa, en recitales, arrastrada por la policía (“cuando era adolescente, yo solía ir presa bastante seguido”), jugando al juego de la copa, en kioscos con pasajes secretos, amaneceres en la estación de Once, casi dormida esperando el tren, amaneceres de domingo en una desierta avenida Córdoba (“fue la última vez que tomé cocaína”), con un sol que la pone más triste que nunca…Sobre la música, dice Enriquez: “Yo no bailo lo que no me gusta, ni siquiera borracha. La música es lo más importante de mi vida, y ni perder la conciencia me quita la seriedad con la que me la tomo”. Y también: “En el momento privado de la escritura, lo único que se es que necesito la intervención musical. La intensa tristeza suele ser The Dirty Three (…) Cuando necesito el vuelo de la libertad o el sexo desarmante del amor, acudo a Bruce Springsteen que suele sonar en colores cálidos y urgentes; si necesito claustrofobia y obsesión y el sexo destructivo recurro a Nick Cave, que fluye en rojo y negro, a veces en monocromo. La noche suena como David Bowie, plateada y azul, la calle suena como The Stooges…”. 

En otros pasajes del libros Mariana Enríquez habla sobre la escritura y sus libros. De su primera novela “Bajar es lo peor”, de 1995, dice: “Me parece mal corregir los libros viejos. Le pertenecen a su tiempo y le pertenecen al autor cuando era más joven, que es una persona diferente”. También se expresa sobre sus escritores y escritoras más admirados. A Alejandra Pizarnik, por ejemplo, la define como: “Una poeta surrealista de suburbio industrial que soñaba con París.”

La autora de Nuestra parte de noche trabaja como periodista desde los 21 años yconfiesa que no le gusta ni Charly García, ni The Beatles (solo respeta como artista a John Lennon), y que “detesta el reggae”. En “De verdad” dice que su banda favorita se llama “Manic Street Preachers”, una banda galesa a la que fue a ver a La Habana de Fidel en 2001 cuando ya se veía venir el desplome de la economía argentina. La crónica que hizo sobre ese recital se llama “Cerca de la revolución” y es de una belleza y un surrealismo desopilante e increíble. No la pude encontrar en Internet.

Son muchas las columnas de Mariana Enriquez que vale la pena mencionar, por su capacidad para conectar acontecimientos, por las sorpresas que aparecen en sus textos y por la gracia y crudeza con la cual escribe. Y por eso vale la pena tener este libro, porque resulta una verdadera enciclopedia del mundo contemporáneo. Como hace en “Carne argentina” un artículo publicado originalmente en inglés para la revista Words Without Borders en 2017en donde, partiendo de un Mundial de Asados, vincula el ritual argentino alrededor de la carne con la pobreza y miseria de las villas bonaerenses y con la dictadura militar de 1976, pasando por la historia de la literatura nacional con Esteban Echeverría y su cuento “El matadero”. En uno de los tantos buenos fragmentos de ese artículo, Enriquez dice: “No es muy grato estar junto a esos fuegos en pleno verano solamente para reafirmar un no sé qué de masculinidad”. El grito del sur.

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