julio 20, 2024
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EN EL MES DEL ORGULLO: RECORDAMOS EL STONEWALL CRIOLLO DE 1983 QUE NO SE CONOCE

10 de junio, 2023

Por Facu Soto

Encontramos el eslabón perdido, la pieza que faltaba para reconstruir cómo fueron los inicios de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina), que poco se sabe. La leyenda decía que todo comenzó con una detención masiva –que en 1983, meses antes de comenzar la democracia- se habían llevado a más de 200 personas en un baile que había organizado Balvanera al Sur, uno de los pocos lugares gay que había en la época. Pero nadie, durante casi 40 años, pudo hablar con los dueños del lugar y saber qué fue lo que había pasado. Buenos Aires Inclusiva encontró –por fin- a uno de sus dueños para que nos cuente por primera vez –y en exclusiva- lo sucedido aquella trágica noche.

Lla musicx y poeta Luz Galathea nos cuenta cómo era el panorama social, en relación a las travestis, los prejuicios y la interacción con la comunidad gay por aquellos años cuando se buscaba recuperar la democracia.

El salón bailable

Carlos C., de 66 años, junto a Ricardo, su pareja de ese momento, y Oscar, el tercer socio fueron los dueños del salón bailable Balvanera al Sur, ubicado en una casa antigua de la calle Moreno 2867, en CABA. Desde 1980 a 1984 fue un bar muy conocido para las personas LGBT, cuando la Argentina todavía estaba bajo la dictadura militar y en vísperas de recuperar la democracia.

Balvanera funcionaba como restaurante de comida francesa, inaugurado el 20 de diciembre de 1980,  y el único día que no abrían sus puertas eran los domingos, dando origen a las fiestas.

La  voz de Carlos suena como las orquestas de música clásica que pone de fondo en nuestros encuentros. Por momentos sus palabras parecen pender de un hilo, como un adagio, y en otros caen en cascadas como un trino.

Carlos dice: “Como nosotros éramos gays, nos vimos tentados a hacer alguna reunión gay, de tanto en tanto”. A las primeras fiestas de los domingos concurrían veinte personas, después los bailes fueron creciendo de forma vertiginosa -en un país gobernado por los militares- donde no se podía salir de noche. “Si veían a dos hombres solos: eran perseguidos y llevados presos por sospecha de homosexualidad… Hubo que empezar a tener muchísimo cuidado. Yo soy descendiente de familia de policías y tuve que hacer arreglos con ellos. Con esa premisa siguieron los bailes en Balvanera. Se hacían uno cada dos semanas y el sistema de convocatoria era telefónico. Se solía llamar desde las cabinas públicas de Entel y no se decía que había baile sino una reunión, porque estábamos perseguidos en un sistema donde todo estaba controlado y nada se podía hacer… Las fiestas se hacían a puertas cerradas. Si llegaba algún desconocido tenía que venir con alguien que nosotros frecuentáramos, para dejarlo pasar”.

Las fiestas

Los domingos era bailables, y otros con cena y show donde Balvanera podía albergar entre 250 a 300 personas. Los primeros bailes fueron temáticos: “Del talle dorado”, “Del Spaghetti”, no faltaron los “Bailes de disfraces” con trajes prestados del Teatro Colón, alguien que trabajaba ahí los sacaba a ventilar los domingos, “El baile del teléfono” y después vino “Los encuentro a través del telegrama”; donde entregábamos números para ponerse en la camisa -el tema de dar los nombres seguía siendo un tema complicado- para que el locutor, en la avanzada noche, pudiera leerlos”. Un amigo trabajaba en el Correo Argentino y llegaba con cientos de telegramas para que la gente se comunicara y conocieran; porque había mucha gente tímida…”.

La idea surgió de los dueños, al observar que a muchxs hombres les costaba acercarse a otrxs. El juego generó parejas que duraron décadas, así como también enganches de horas.

En uno de los bailes del domingo, a mediados de 1983, hubo una pelea en el salón. “Una chica travesti se peleó con otra. Una de ellas rompió un vaso de whisky contra la mesa, le quiso cortar el cuello a la otra. No es lo que sucedía con frecuencia. La que tenía el vaso roto se llamaba Diana. El lugar sentó precedente porque hubo que sacarla. Fue un disgusto pero quedó ahí, pudo haber sido una desgracia…”.

10 de septiembre, 1983: La fiesta del sombrero

Cuando faltaban pocos días para votar y recuperar la democracia, los dueños de Balvanera programaron una fiesta que llamaron: “El baile del sombrero”. Se llevó a cabo el 10 de septiembre de 1983 en “La casona de Ricardo”, en Belgrano. Carlos, Ricardo y Oscar alquilaron esa locación porque iba tanta gente a Balvanera, que ya no entraban en el salón. La fiesta contó con la difusión, de boca en boca, con llamados telefónicos y superó la concurrencia que se esperaba.

“Fue un baile muy grande y aventurero para el gobierno militar que todavía teníamos, pero nos animamos… No paraban de llegar invitados con sombreros rarísimos… La gente estaba muy contenta, por el aire de libertad que ansiábamos volver a tener. El DJ era muy bueno, los tragos también.

¿Qué pasó?

A la una y media de la mañana, estando yo en la puerta, llegó esta travesti –Diana, la que había intentado clavarle el vaso roto a otra chica- dispuesta a entrar. Cuando quiso ingresar yo me plante que no, quizás estuve muy terco, no lo sé; yo ese día estuve convencido que hice bien en no meter al baile a una persona que se puso como loca, y que era capaz de clavarle un vidrio en el cuello a otra. Yo le decía que no, que no iba a entrar, y ella que sí. Venía con dos o tres personas más. Después de un tire y afloje me sentenció con el dedo, acusatorio en alto, y a los gritos me dijo: ‘Nunca más vas a volver a hacer un baile en Buenos Aires’. Yo le dije: ‘Andá… que te cure Lola’, y seguí adelante. Ella se fue. Siguió entrando gente y a eso de las dos y pico de la mañana veo algo raro en el pasillo, donde se acumulaba gente. Yo veía los sombreros extravagantes que se ponían y en un momento le digo a alguien: ‘Que cosa, che, estas locas no tienen límites. Mira vos, estos desgraciados vienen a La fiesta del sombrero con la gorra de la policía’, y me reía…  Fue una sorpresa ver que, cuando lograron llegar al salón, metiéndose entre la gente, no eran locas sino un equipo de policía: un inspector, un jefe de zona, había de todo… Nos dijeron a los gritos que parásemos la música y prendiéramos las luces. Fue el procedimiento, el 10 de septiembre del 83, pero con la escuela de diez años antes, del 73”.

Carlos se queda callado y llora. Me pide con un gesto de la mano que pare de grabar y tarda unos minutos en recomponerse sin decir nada. Después de un momento de introspección, dice: “Dale, sigamos… Cuando salí a la calle no podía creerlo: había un operativo que abarcaba un par de cuadras, con colectivos de la línea 60 y 21, más los camioncitos de ellos estacionados en doble mano… Habían cortado la calle para llevarse a todos…

Hubo gente que se asustó mucho…

Sí, y que saltó por las ventanas cayendo a los jardines linderos. Hubo quién se rompió la pierna y se lo llevaron en ambulancia. A mí me trataron como a un duque, porque era la persona que estaba a cargo del lugar; pero a los demás los trataron mal.

¿Qué hiciste?

Después fui y me presenté, pero no me procesaron porque tuve suerte… Se habían llevado como a cuatrocientas personas. A mí tenían que haberme procesado por responsable, y sin embargo no lo hicieron… No les da la cabeza, ni la instrucción, y eso no cambió mucho en nuestros días…

El movimiento antecesor de la CHA

Al poco tiempo de este incidente se creó un movimiento de lucha política por los Derechos y el Respeto a la Diversidad que se llamó “10 de septiembre”.

“Era un movimiento de reivindicación y al mismo tiempo de protesta por los Derechos Gay, que con el advenimiento de la democracia dio lugar a la CHA. Algunos de los que estuvieron en este grupo fueron los que iniciaron y crearon la CHA, como Carlos Jáuregui que era cliente nuestro, habitué de Balvanera.

¿Tenías trato con Carlos?

En esa época Carlos no era la figura reconocida que es hoy. Tenía trato con él como con cualquier otro comensal. Me acuerdo más de Jorge Valmont que fue uno de los primeros transformistas del país. Después, cuando me fui a vivir a La Patagonia con mi ex pareja, y veía que estaba en la tele, le decía: ‘Ah, mirá, ¿te acordás de éste que iba siempre a Balvanera?’.

¿Formaste parte del grupo “10 de septiembre”?

Yo tenía amigos activistas y me enteraba de muchas cosas, pero yo me encerré. Después, cuando la cosa se recompuso un poco, nosotros seguimos intentando con las fiestas de Balvanera. Hubo un grupo de 200 personas que siguieron viniendo y siendo clientes. Y así llegamos al 10 de diciembre de 1983, el día que asumió Alfonsín, día que nosotros hicimos un baile, por primera vez a puertas abiertas, sin cobrar entradas, ni bebidas, ni nada; fue un día de festejo: único. En Balvanera no podía entrar nadie más y seguía llegando gente por la Av. Jujuy, gente que venía de la manifestación de apoyo a la democracia.

¿Hicieron el “Baile de la Democracia”?

Sí, y pensábamos: ‘Al fin vamos a poder hacer fiestas a puertas abiertas’, pero nos confundimos… La policía seguía manejándose con los mismos edictos. O sea que si te metían preso y te ponían el edicto 2°H; seguía todo como antes, porque los edictos continuaron… En 1984 seguimos trabajando alternativamente, hasta marzo, haciendo lindos bailes…

¿Y qué pasó en abril de 1984?

Golpearon la puerta, trabajábamos con las puertas ‘a medias abiertas’ -por una cuestión de prudencia y de cuidados-, y nos hicieron un procedimiento. Estábamos abriendo los sábados también. Yo estaba en la puerta y el subcomisario de la 8°, al que conocía bastante, me dijo: ‘Mire, mejor abra porque esto viene de arriba y no lo pudimos parar’. Después el comisario con el que arreglábamos se disculpó por no haber podido parar esto. Cada ocho comisarías había un jefe arriba y ese dependía de un departamento. La orden de volarnos a nosotros había venido del departamento de policías, dicho por el comisario de la 8°.

¿Qué produjo este procedimiento?

Teníamos 200 personas en la casa y se llevaron unas 80. Al otro día también salió en el diario. ¿Cómo llegaron los periodistas tan rápido? En esa época, donde no existían los celulares, sacaron fotos y estaban ahí en el momento en que entraron; tenían una meta: Reventar a Balvanera, y a quién estuviera adentro.

¿Cómo siguió la cosa?

Cuando se llevaron a las 80 personas fue desbastador. Los que nos quedamos estábamos pasmados. Había un cumpleaños –esto me lo estoy acordando ahora, después de casi 40 años…- y que se habían hecho una torta gigante, como estas dos mesas, que iba a ser cortada para compartir con los invitados. Después de que se llevaron a las 80 personas se cortó la torta, pero no la podíamos comer… Nos quedamos tan mal que la gente se empezó a ir. Todo esto trajo muchas secuelas.

¿En lo personal?

Mi familia se enteró porque mi papá y mi hermano mayor aparecieron en la puerta de mi casa preguntándome por el escándalo en el que estaba metido. Decían que era una vergüenza y que yo había salido en todos los diarios. Una nota decía: “Un afamado restaurante de la calle Moreno, entre Jujuy y Catamarca, de donde se llevaron detenidos a 80 personas. Entre los que se encontraron a muchos homosexuales alocados, bailando arriba de las mesas, entregados a la droga y a la prostitución”. Fue el final definitivo de todo esto.

¿Vos no habías salido del clóset con tu familia?

Yo nunca había blanqueado nada pero en esa época era así, todo el mundo lo sabía pero de eso no se hablaba… Se dijo algo cuando cumplí 50 años, y después no se siguió hablando del tema; estas cosas se saben y nada más… El sábado siguiente tratamos de hacer una reunión para los que estuvieran dispuestos pero vinieron 30 personas que nos saludaron como cuando alguien se murió, para darnos las condolencias y los pésames; y se terminó ahí. Nunca más.

Sin Balvanera pero al Sur

Carlos y Ricardo se instalaron en Calafate, fueron concesionarios de un restaurante de una pareja de amigos gay que habían empezado en 1972 con una casita de té y hace poco regresaron a Buenos Aires.

“A mí me han insultado en la calle. Pasaban por al lado, y bajito, me decían: ‘Hijo de puta’, ‘Cagador’, cosas así. Como yo no sentí nunca que los haya traicionado, al contrario, por eso pagábamos al comisario”.

¿Te arrepentís de haber hecho lo que hiciste?

De ninguna manera. No fue pavada lo que hicimos. Es bueno que se sepa que un montón de gente la pasó re mal. Yo –dentro de todo- tuve suerte. A mí no me detuvieron, pero te llevaban preso por ser gay y querer divertirte, solamente por eso, por salir caminando con un amigo o con tu pareja.

LA VOZ DE UNA TRANS QUE VIVIÓ LA ÉPOCA: LAS TRAVESTIS Y TRANS ANTES DE LA DEMOCRACIA

Por Luz Galathea

A los 16 años ya estaba atrapada por la música. Tocaba en bandas en una época en la que no había cabida para lo diverso. Pudo entenderse y aceptarse, y hoy es una militante trans que se para frente al mundo a cantar. También es poeta, artista visual y fan de Luis Alberto Spinetta. Una de las voces más lúcidas que tenemos en el colectivo LGBTTTIQ+.

La década de los 80 desde mi experiencia era una sociedad discriminatoria y criminalizamte. Contra toda manifestación y expresión que no estuviera encuadrada dentro de las pautas Hetero-normativas, patriarcales y binarias. Por lo tanto, en aquellos años no existían los grupos trans, transgénero. No había ni se hubieran permitido por las autoridades de aquellos días ni existían ni se habían formado grupos representativos de cada comunidad. Tampoco había lugares específicos de cada uno donde reunirse, ya sean lugares de esparcimiento o de reuniones de grupos, pues era muy reprimido por la sociedad y las autoridades, no olvidemos que en aquellos años, estaban de presidente el general Viola, al que luego sucedería, el general Bignone.

Aquella sociedad permitía ciertas expresiones de diversidad en espacios muy específicos, por ejemplo, en personas muy particulares. Uno era el teatro, y el otro el under; en los que había expresiones vanguardistas y muy adelantadas a su tiempo, por ejemplo en El Parakultural –pero ya en democracia, inaugurado en 1986 por Omar Viola y Horacio Gabin- donde se presentaban grandes artistas que luego trascenderían aquel tiempo hasta nuestros días, con un aporte invaluable a nuestra cultura como son Humberto Tortonese, Alejandro Urdapilleta y el genial Batato Barea. Fuera de estos espacios todo era de un paisaje gris y de una profunda auto-represión. Recién ingresando a la década del 90 comienzan a mostrarse manifestaciones de mujeres trans, en el área de la prostitución muy perseguida por la policía, que era obligada a trabajar para el patrullero, por un porcentaje de la recaudación del día. Por supuestos muy condenados por la sociedad, denunciadas y perseguidas por los medios.

Recuerdo las zonas rojas de Godoy Cruz y Av. Santa fe, y Godoy Cruz y Av. Córdoba, dónde tuve la oportunidad de conocer a trans que trabajaban en la prostitución y he charlado muchas veces con ellas , dónde me manifestaban las enormes dificultades que tenían que sortear, para poder realizar su trabajo-actividad a la que eran relegadas por su condición no se les permitía acceder a otro tipo de trabajo, dejándoles como única herramienta de subsistencia el de ejercer el más viejo de los oficios, que es la prostitución.

Quedaron en el camino muchas compañeras, que fueron perdiendo sus vidas por todo lo que acabo de enumerar, hasta alcanzar casi veinte años después, las maravillosas leyes conquistadas: La ley de Identidad de Género y La ley de Matrimonio Igualitario. Pero gaste llegar ahí hubo un largo calvario de toda esta comunidad aún hoy sigue la discriminación, aún hoy sigue la postergación de la comunidad Trans. Esa es la lucha y la batalla a dar, a través de las generaciones. Lograr ese cambio social, de comprensión, de entendimiento y sobretodo de cambio de paradigma, no es cuestión solo de hablar, si no que vallan cambiando a través de la pedagogía de nuestra presencia en la sociedad; ese cambio de paradigma binario que está en el inconsciente de nuestra sociedad. Pero queda un largo camino por recorrer, y a mí generación le toca instalar los cimientos de esa casa de esa sociedad nueva con la que soñamos y para la cual trabajamos sin descanso día a día. Una sociedad inclusiva, respetuosa y orgullosa de saberse Diversa e inclusiva.

Los años 80 y 90 fueron muy difíciles para mí comunidad, dónde la represión, la criminalización, la postergación de toda la comunidad erala moneda corriente; cómo dije anteriormente, no existían espacios propios ni de esparcimiento ni de reunión. Se han logrado muchas importantísimas conquistas, pero queda todo un camino que recorre hasta ver realizada Esa sociedad inclusiva, respetuosa y diversa allá vamos.

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