mayo 28, 2022
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“La Librería de Nadie” de la Villa 31, es atendida por su dueño

libros que encontraban los cartoneros.

Nadie Huamán Rojas, nació en Chosica, Perú, y hace 29 años que vive en Argentina. En diálogo con La Nación, contó que es un apasionado de la lectura, y desde el año 2018 decidió comenzar a juntar los libros que les compraba a los cartoneros. De esta manera abrió “La Librería de Nadie”, siendo esta la primera y única librería que tiene el Barrio 31.

Además, en la entrevista habló acerca de su nombre. “Nadie me puso mi padre. Él había buscado nombres en la Biblia, pero no le gustaba ninguno. Después leyó La Ilíada y La Odisea y le gustó este. Era de Odiseo, que había encontrado una forma de burlar las trampas que le hacían. En el colegio me hacían un montón de cargadas por mi nombre. Estaba cansado: Nadie se escapó, Nadie hizo esto”, contó el escritor.

En tanto, no siempre se dedicó a la venta de libros, sino que en un principio se dedicaba a la venta de artículos usados que le traían los cartoneros.

 “Vendía inodoros, bachas, rejas para ascensores, pero me llamó mucho la atención que me traían muchos libros. Había muchos libros que yo no había leído y me daba pena que fueran a la fundición de papeles”, contó Nadie.

Huamán, cuenta qué libros le interesan: “A mí me gustan todos los géneros. Me gusta mucho Marcos Aguinis. Me llamaron mucho la atención sus libros, que los he encontrado acá en la calle. Libros que no he podido leer en el Perú, acá los tengo. Hay grandes escritores en la Argentina. Él último que me gustó mucho, y que el escritor estuvo acá, fue “Ácido” de Ariel Azor”.

Sobre la cotidianeidad de la gente, cuenta que “Han venido muchos escritores al local. Llegan al barrio a inspirarse, a ver la realidad. Por ejemplo, publicamos un libro que se llama “Antologías Villeras”. Vinieron a relatar su paso por el barrio un grupo de escritores de Puerto Rico que se habían alojado en el bajo fondo de Brooklyn. Les dijimos que acá no podían grabar porque la gente iba a pensar que eran de la policía”, continúa el librero. “Me gustan los libros que te entran por el oído y no por el ojo. Son esos que agarras una palabra y no los sueltas”.

En el final de la charla cuenta cómo fue que comenzó desde chico: “A los 9 años yo ya pintaba, participaba en concursos de colegios y todo. En un encuentro nacional me frustra la pintura porque me hacen participar tarde. Y nunca más pinté, tiré todo. Había que estudiar. Durante la pandemia empecé a reflexionar de muchas cosas, y con el Covid, que estaba aislado, me dediqué a la pintura. Te queda un trauma, te cierran un capítulo y después vuelve a resaltar en otro aspecto. Es como si encontraras un camino que te faltó recorrer”.

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