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septiembre 23, 2020
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La Paternal: “Túnel”, un bar con historia

En el barrio porteño de La Paternal, se encuentra el bar “Túnel” que tiene décadas de historia.

El bar está ubicado, desde 1968, en Juan B. Justo y San Martín, tiene entrada por dos calles, siendo muy concurrido, especialmente por muchos fieles clientes, que lo prefieren por su trayectoria.

Su dueño, Leandro Boga Mosquera, tiene 83 años, y los clientes habituales lo conocen como Gerardo, el gallego, All right, Raphael (debido a su fanatismo por el cantante español). También contó que, por su parecido con Jorge Fontana, algunos le dicen  Cacho.

El dueño del bar Túnel, nació en Lestrove, un pequeño pueblito en La Coruña, Galicia, y en declaraciones con el diario La Nación, señaló que “En abril de 1954 me vine a Buenos Aires porque en España me había quedado huérfano: a mi padre nunca lo conocí y mi madre murió cuando tenía doce años. Uno de mis hermanos ya se había instalado en Argentina y me llamó para que venga vivir con él. Extrañé mucho cuando vine, los dieciséis años los cumplí acá en el barrio. Soy semi analfabeto, porque nunca pude terminar mis estudios”.

Además contó que en principio, al llegar al país, se instaló en Parque Chas y su primer empleo fue como mozo del turno noche, en la emblemática esquina San Juan y Boedo. Cuando terminaba su horario laboral, se tomaba el colectivo y siempre se sorprendía con la concurrencia del boliche “Diego” ubicado en el cruce de las avenidas Juan B. Justo y San Martín.

En este sentido explicó: “Quería trabajar ahí. Me presenté, hacía falta personal y quedé. Como mozo era un genio, los clientes se divertían con mi carisma. La Paternal era un barrio de muchos artistas. Atendí a Pedro Quartucci, Osvaldo Piro, Adriana Salgueiro, Mirtha Legrand, Julio Sosa, Zulma Faiad“.

En relación con su trabajo, Leandro se explayó: “Me gusta la bandeja – dijo – el trato con la gente y hacer feliz a mis clientes”.

Dentro del contexto de la pandemia del covid19, el local estuvo algunos días cerrado, pero Leandro extrañaba su rutina, los ruidos y el aroma al café recién hecho. Karina, su hija, empezó a darle una mano en el negocio. Modificaron los horarios: abren de 8 a 16 horas, sumaron café para llevar y sandwichería (tostados, pebete, milanesa y hamburguesas), sin embargo, aseguran que las ventas del delivery y take away son mínimas. “Hoy se vende muy poco, no haces diferencia. No podés vivir del negocio. Uno no quiere abandonarlo porque es una historia de más de 50 años”.

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