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Make Salazar y su experiencia con la cura del autismo

Mike Salazar es la chef que logro la cura de autismo de su hija a través de un cambio alimenticio.Una entrevista imperdible por los rincones mas secretos de una mujer que trascendió todas las fronteras d los posible.

Por Luciana Navatta

Su mirada transmite paz, aunque ella dice que de pacífica no tiene nada. Su aspecto es el fiel reflejo de sus ancestros mapuches, cuyo sello tiene tatuado en la piel a través de la pluma de un cacique de la tribu. Cutis trigueño, ojos oscuros y cabello largo renegrido y de un lacio que ni la mejor planchita puede lograr. Es prácticamente Argentina, aunque nació en Chile, ya que al año se mudó con sus padres al país. Se instalaron en un asentamiento de Wilde, provincia de Buenos Aires, y como ella expresa “soy una chica villera”.

Del barrio – la villa- lo que más recuerda es
el olor de humedad en los pasillos de barro.  Era la «cheta» del
barrio, dice. Todos con guardapolvo y  ella usaba
uniforme por ser la única que iba a escuela privada.
Esa escuela en la que un compañero le
pegó en el ojo derecho con una regla provocándole un desprendimiento de cornea
que derivó en un trasplante.
  

La
crisis en el país del 2001 hizo que sus padres tomaran la determinación de
enviarla junto a su hermana a Chile, donde se encontraban algunos familiares.
Allí comenzó a tener su acercamiento con los alimentos.

No
le interesaba la cocina de chiquita, ni tampoco veía a su mamá cocinando. Según
ella, su mamá no era el mejor ejemplo de una buena cocinera, “ni un huevo frito
hacía bien”, enfatiza. Pero si tiene claro cuando comenzó a llamarle la
atención lo que contenían los alimentos, mientras vivía sola en Santiago de
Chile. “No tenía un mango así que tenía que gastar bien. Yo compraba la oferta,
pero primero le preguntaba a la vendedora si con ello me alimentaba. Así que
había semanas quizá que tenía la heladera llena de porotos porque estaban
baratos, pero a la vez, me nutrían”. Nunca se imaginó que esa curiosidad era el
inicio de algo que la iba a marcar de por vida.

Volvió
a Buenos Aires y comenzó a estudiar cocina en el
Instituto Gastronómico de Sur,
donde en el 2006 se recibió de chef, palabra que detesta porque se considera
una simple cocinera. La profesión la llevó a varios destinos, entre ellos España.
En Alicante, en el 2008, nació su primera hija, Maia. Tenía otros planes.
Viajar por el mundo cocinando y aprendiendo. Pero el nacimiento de Maia lo
cambió todo. Fue un parto complicado y lo que vino después, aún más.

Problemas económicos y otro bebé en camino fueron las causas
que la hicieron regresar a Argentina. Maia tenía quince meses. Mudarse de país
es una experiencia que afecta a cualquiera y Maia no fue la excepción. Ya
instalados en Buenos Aires, notaba que algunas cosas no estaban bien.

“Cuando fui al pediatra, no vio nada raro, pero el lenguaje de
Maia se iba perdiendo y el único interés era la televisión. Todos me decían que
era por los cambios vividos, mudanza, hermanita y ver mucha gente en casa,
entre otras cosas.” Mientras el tiempo pasaba, la conducta de Maia empeoraba,
no toleraba los sonidos fuertes, gritaba y todo el tiempo repetía un sonido que
era su forma de comunicarse. Make debía traducir e interpretar qué era lo que
quería.

Así llegó el día que la llamaron del gabinete pedagógico del
jardín para que solicitara turno con un neurólogo porque efectivamente algo no
estaba bien. Ese día no se le va a borrar de su retina. Al evocarlo se le
llenan los ojos de lágrimas como reviviendo ese momento en el cual su hija era
“un ente”. Salió de allí y lo primero que hizo fue consultar a un neurólogo quien
le confirmó su sospecha. Maia tenía Trastorno Generalizado del Desarrollo (T.G.D.)
y dentro del trastorno, lo suyo era autismo. Después de eso vio el panorama que
se avecinaba: escuela especial y terapias varias.

 ¿Cuándo pensaste que la
solución podría venir del lado de la alimentación?

-Un día,
para esto había pasado un año del diagnóstico de Maia, una amiga me manda una
nota de un chico que había ido a Harvard con autismo y por el cambio en la
alimentación se había curado. Me insistió para que lo leyera, A partir de ahí
empecé a pensar que yo en algún momento cuando fui vegetariana había estudiado
el impacto de los alimentos en la aparición de enfermedades y, por lo tanto, el
cambio o una buena combinación de ellos podía causar el efecto sanador.

Se dedicó a
buscar incansablemente en internet “autismo y alimentación” y no encontraba
nada. De pronto descubrió la investigación de un médico que mencionaba el
hallazgo de una sustancia en la orina de chicos con autismo y que con el cambio
en la alimentación mejoraba su sistema neurológico. Ahí  Make, sintió que se le abrió un universo de
información delante de ella y con el aditamento que era chef, podía combinar los
alimentos de manera correcta.

De un día
para el otro y, luego de ponerse la más dura de las armaduras, sacó  de su casa la harina, el azúcar, la soja, los
colorantes, los aditivos y comenzó a cocinar su propia comida. El único
elemento que se utilizaba para higienizarse era el pan de jabón blanco. Se
transformó en la enemiga número uno de las perfumerías y las marcas
comerciales. Pasó los cuatro días más traumáticos de su vida “Maia, gritaba, se golpeaba, rasguñaba las
paredes, debido al síndrome de abstinencia por haberle sacado todo eso que le
daba sensación de placer. ¡Hasta te diría que emanaba un olor horrible del
pelo! -como purificándose”
, exclama gesticulando como si reviviera el
momento.

Al quinto
día cuando fue a despertarla, Maia se asomó a la baranda de la cama y ella notó
que su expresión no era la misma. La miró con una sonrisa. Entonces Make
entendió que ese era el camino. Tuvo que luchar contra las instituciones y sus
propios padres que pensaron que estaba loca al privar a su hija de esos
alimentos. Hasta llegar a amenazarla con quitarle la nena. Pero ella estoica,
siguió y se encerró con sus hijas para cumplir a rajatabla el plan de sanación
de Maia. Era su hija, su tesoro más preciado. ¿Cómo pensar que le estaba
haciendo algo perjudicial? Además tenía el plus de su formación, que haría que
evaluara cada paso a seguir.

Pasaron
ocho meses y al ir a renovar el certificado de discapacidad de su hija, el
equipo médico no quiso hacerle los informes porque la nena no tenía nada que lo
justificara. Demás está decir que Maia siguió con sus terapias, ya que había
perdido el habla, entre otras cosas. Y los progresos en ella eran cada vez más
visibles.

Era Make contra el mundo.

– Era una
guerrera con el tema de Maia. Nadie iba a tirar por la borda lo que había y
estaba haciendo. Ella iba a todos lados con su vianda. Y, es más, la pedía
porque a pesar de su edad se daba cuenta que le hacía bien. Debo decir que fue
“la abanderada” de esto. Ella puso todo de sí a pesar de su corta edad.

¿Cómo está hoy Maia?

– Maia es
una nena feliz. Sigue con algunas de sus terapias, pero las mínimas. Hoy es la hija
que yo quería. No esa nena con sonido gutural solamente como forma de
comunicarse. Junto con Malena, su hermana, somos un equipo maravilloso. La
gente dice que parecemos tres viejitas. Nos reímos y disfrutamos tanto el estar
juntas. Siempre hay un plan para hacer.

Se define
como “selectiva social”, lo que a veces la hace parecer antipática. Confiesa
que sus profesiones frustradas son profesora, escritora y médica. “Finalmente, logré una verdadera alquimia entre
cocinar, escribir, enseñar y sanar”. Escribió los libros “Cocina
Biomédica – Salud y alimentación- un aporte para mejorar la calidad de vida de
personas con Trastornos del Espectro Autista (TEA)” Tomo I y II, también da
clases de cocina enseñando las recetas que figuran en ellos. Se lamenta al
contar que ésta cuarentena provocó la suspensión del lanzamiento de su tercer
libro, que no es de cocina, en el que cuenta todo el proceso que hizo con Maia.

Cuando
habla del libro enfatiza muchísimo que no viene a proponer curas ni soluciones
mágicas o milagrosas. Se trata de una herramienta complementaria, basada en la
eliminación de ciertos componentes de la alimentación diaria. Con éstos cambios
de hábitos, que requieren de tiempo y paciencia, a veces se obtienen buenos
resultados y otras mínimos, pero nunca negativos.

¿Por qué el libro se llama “Cocina Biomédica”?

-Cuando
empecé con todo esto entré en la página de la Liga Internacional de la
Nutrición contra el autismo y la hiperactividad (LINKA), que está en México con
laboratorios en Estados Unidos. Trabajan sobre un sistema que se denomina “Biomédico”,
que consiste en un plan alimentario. Empecé a indagar sobre el concepto: la
relación del medio ambiente-medicina-cocina. Así salió “Cocina Biomédica”. Nació
para unificar la cocina con el medio ambiente y con la salud.

¿Somos lo que comemos?

-Tal cual. El órgano más importante en nuestro cuerpo
es “el intestino”. Lo que comés, lo pensás, lo actuás. La alimentación es la
base fundamental para la salud mental y orgánica del cuerpo. Si no comés bien
todo funciona mal.

Su
tenacidad la llevó al Programa Food Revolution, del británico Jamie Oliver
insistiendo en su postulación como embajadora en América Latina. “Para mí era
muy importante formar parte del equipo y poder representarlo en la región. Por
ello es un honor el que me otorgaron”.

Make es un
libro abierto en alimentación saludable, sin suplementos, con lo que nos provee
la naturaleza. La medicina familiar es la huerta q tienen en el fondo de su
casa. Esa casa en Wilde, lugar en el mundo donde vivió los más felices y más
duros momentos.

Para ella cocina, medioambiente y salud deben ir de la mano por
el bien de las futuras generaciones.

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