octubre 4, 2022
Opinión

Nunca olvides abrazar a un árbol

Por María José López Tavan

“Árbol de la esperanza, mantenme firme”.

-Frida Kahlo-

Los árboles son solidarios para con la Madre Tierra y todos sus Reinos. Menguan la temperatura de los suelos y regeneran sus nutrientes; en el marco de la agricultura, nos ofrecen alimentos; previenen la erosión de la tierra; absorben el CO2 y producen Oxígeno; crean biodiversidad; evitan en parte los rayos ultravioletas gracias a su sombra; los vientos son disminuidos; obtienen agua para los acuíferos; vuelven más lentas las corrientes de agua; provocan tierras más fértiles; disminuyen la contaminación auditiva; colaboran con mantener limpios los ríos y arroyos.

Pero vamos con lo cliché; según el Diccionario de la Real Academia Española una de las definiciones de árbol es: 1. m. Planta de tallo leñoso y elevado, que se ramifica a cierta altura del suelo.

¿Pero ello define a un árbol?, ¿a un ser imprescindible del Reino Vegetal? que impacta sobre territorios y humanos. Un árbol es la Vida en sí misma. Una de las mayores representaciones de la belleza, aquella que los artistas intentamos evocar, muchas veces sin lograrlo.

Vida pura. La semilla es alojada en la tierra. Comienza a interactuar con su entorno. Germina. El árbol crece, si el medio es benévolo. Madura. Va envejeciendo, mucho más allá de nuestra edad humana. Hasta que El Olvido o el arcano sin nombre1 lo sesga. Es decir, hasta que muere.

Se nos parecen más de lo que advertimos, con la diferencia de que están en comunión con la Naturaleza, valiosa capacidad que perdemos en la cultura del “corre, corre, lo quiero ya, ya, ya”.

.Pueden ser de hoja perenne, de hoja caduca -pierden sus hojas según la estación-, los denominados árboles frutales -donde se integran los frutos secos- y árboles ornamentales -por ciertos rasgos que hacen a la estética-.

Y los hay tan mágicos como el Ginkgo biloba, que floreció luego de la bomba nuclear que Harry Truman, presidente de los USA, determinó sobre la población de Hiroshima, Japón.

Loa árboles se hablan?

En un estudio realizado por la Dra. Suzanne Simard, Doctora y Profesora de Ecología Forestal en la Universidad de Columbia Británica, en Canadá, junto con su equipo, descubrió que los árboles se “hablan”.

En un bosque, distintas especies de árboles comparten una red de hongos por debajo de la superficie de la tierra. Es decir, hongos y raíces están vinculados entre sí. A través de esta conexión no sólo se entrelazan nutrientes sino que además, cuentan con la capacidad de ayudarse e incluso alertarse frente a peligros. Como una tormenta o la tala.

Sus roles tienen que ver con la colaboración mutua. Los denominados árboles Madre protegen en mayor medida a los árboles más jóvenes y están más atentos al resto de los miembros. Los Árboles Madre se encargan de cuidar a los retoños de todas las especies del bosque. Les hacen llegar, a los que más lo necesitan, el agua y los nutrientes como el carbono y el nitrógeno. Si las Madres son destruidas, el bosque entero corre riesgo de que la red sufra serios conflictos. Asimismo, cuando un árbol Madre está por morir transmite carbono, de manera más veloz, a los más árboles más pequeños y a sus vecinos.  

Podemos decir entonces que en la Comunidad Árbol sus miembros se comunican, incluso con parientes más lejanos, para la fraternidad, la solidaridad. Para hacer frente a las necesidades de cada quien. Para enseñarnos (los necesitamos más de lo que ellos nos necesitan) la armoniosa melodía del verdadero trabajo en equipo, donde no hay competencias ni corridas hacia la nada. Sino Amor. Ese que no lleva adjetivos pero sí mayúscula.

Ahora pregunto, ¿alguna vez abrazaste a un árbol?

Se le llama Árbolterapia. Pero dejemos el rótulo de lado. Pues no es necesario ningún profesional o espacio donde nos enseñen a abrazar árboles. Basta con saber recibir lo que el afuera nos otorga para nutrirnos. Discriminar, como nuestros sabios riñones, aquello que nos será útil o no, entre el cemento y las pantallas de publicidad. Lo que crece. Majestuoso. Único. De multiples colores. Lejos queda el recuerdo del colegio de que los troncos son marrones, son marrones con grises, hay verdes, hay tintes amarillos, hay tintes negros. Magnificentes. De numerosos tamaños y formas. Ofrecen al tacto y a la vista la posibilidad de una experiencia nueva. Y sus hojas, que se mueven forjando una sutil lluvia, ahora en otoño.

Al abrazar a un hermano árbol puede pasar demasiado. Desde interferencias con los auriculares, estallidos de aromas y lo esencial: la paz, la alegría. La reverencia. Hay quienes con la mano receptiva -izquierda- tocan al árbol y posan su mano activa -derecha- en el Chakra Cardíaco, del Corazón -Anahata, color verde, yo amo-. Y hay quienes tan sólo los abrazamos, le agradecemos la enseñanza de su fortaleza y lo obvio: para tocar el cielo hay que tener raíces.

Fuentes
1. Arcano del Tarot Marsellés XIII
https://www.reddearboles.org
https://www.ashestolife.es
https://www.ecologiaverde.com

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