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¿QUÉ ES LA XATERNIDAD?

21 de junio, 2020

Hoy, para todo el planeta tierra es el día del padre, pero ¿qué es ser padre? ¿quién puede encarnar esta función? ¿qué pasa con las personas que no se criaron con padres? El concepto es más grande de lo que parece y más amplio de la que se ve. En tiempos donde la familia, como institución, está en crisis y donde comunidades trans viven configurando nuevos modelos de familias (lejos de la violencia patriarcal y de la falta de cuidados y protección) Buenos Aires Inclusiva escribió una ponencia sobre el tema, presentado como Crianzas Libres.

CRIANZAS
LIBRES

Cambiaste de sexo y de dios, de color y de fronteras. 

Pero en sí, nada más cambiará…

(Viernes 3 AM, Charly García)

Cambiar. Transformarse. Dejar de
ser el que es, para ser otro. Algo que queda atrás. Algo que se quiere olvidar.
Ser padre puede ser resignificar el propio lugar de unx, dejar de ser (en
parte) hijx para ser padre. Pero ¿Qué es ser padre? ¿Desear dejar de ser hijx?
¿Qué pasa cuando ese lugar, idealizado y romantizado, que se intenta ocupar es
distinto al idealizado? Dicen que la realidad siempre supera la ficción.

¿Y si la crianza de nuestrxs hijxs es con absoluta libertad y ellxs, quizás con el afán de diferenciarse de sus xadres dan un paso atrás y se caracterizan por la discriminación y el bulling (por parte de lxs hijxs a lxs padres que no lxs aceptan porque no son hegemónicxs y no cumplen con la heteronorma, en el afán de querer pertenecer al sistema dominante, siguiendo la lógica falocéntrica/ heteronormativa?

¿Es parte de la cultura LGBTTIQ querer, desear, tener hijxs; o es
propio de la cultura heterosexual y un semblante (una fotocopia de mala
calidad) que los putos, tortas, travas y demás disidentes de la norma copiarnos
del modelo hegemónico para pertenecer y así tener o adoptar hijxs?

En algún lugar leí el axioma “Hay
machismo cuando no hay padre” y es interesante pensarlo si consideramos al
maltrato infantil e incluso al abuso. Cuando éste se posibilita, es porque hay
ausencia, ausencia de padre. Y definimos al padre como un lugar simbólico que
va más allá de su género que cuida, protege, permite que su hijx ponga en
palabras los días felices y también aquellos que no puede significar porque le
producen tristeza o angustia.

¿Hijxs para garantizar la supervivencia de la especie? ¿De esta fucking
especie? ¿O por narcisismo para vernos como en un espejo o en una fotocopia de
baja calidad nosotrxs mismxs? (El narcisismo ahí presente). O peor aún, para
satisfacer los deseos de nuestrxs padres que quieren ser abuelxs. 

Debe de haber tantxs xadres como
xadres hay pero pocos, creo, son lxs que se preguntan si realmente quieren
serlo (y cómo) evitando la xaternidad heredada.

Son muchas las preguntas y pocas
las respuestas; por suerte…

Las “familias”, quizás mal llamadas
familias por el lugar a donde nos remite este concepto arcaico: a la Iglesia y
a la heterosexualidad obligatoria, homopalentales no necesariamente estamos a
favor del matrimonio y la monogamia. 

Una tarde, en la casa de Pedro
Lemebel, él me dijo susurrándome al oído: “Mi niña, los hombres no aman a las
mujeres, los hombres aman a otros hombres” y me despidió con un beso y un
abrazo. Apenas podía hablar. Al poco tiempo murió.

Cuando escribí el guion de ese
encuentro y un historietista lo creo en cuadros gráficos lo presentamos a un
site de “Historietas LGBTTIQ”, pero el editor, envuelto en su política que ser
“políticamente correcto en lo incorrecto” no quiso publicar la historieta,
argumentando que era misógino. Claramente, esta persona no había entendido
nada. Rebotaba historietas como pelotas de tenis contra el frontón.

“Amar: amar sólo se puede amar a los varones” es un axioma que circula en la vieja obra del viejo Freud, está en su texto “Degradación de la vida erótica”. Algunos interpretadores de su obra, como si se tratara de la Biblia, escribieron: “Si el varón (como si hubiese un solo tipo de varón y no varones o posiciones que puedan ser ocupadas por distintas personas) si el varón no puede amar donde desea, desea donde no ama. Así se clarifica el deseo y el amor en su separación, lo que nos llevaría a otro tema, incluso al de amar a sus hijxs porque no se los desea (sexualmente hablando, claro). Pero el viejo (Freud) no se queda atrás cuando dice que, para los varones, las condiciones del amor son homoeróticas al decir: Quién ama a alguien lo ama como varón. Después, las interpretaciones se van al carajo, como siempre, y terminan diciendo que el amor es masculino y el deseo femenino; y otra vez caen en lo binario, estructurado en la lógica fálica que termina siendo heteronormativa.

En definitiva se está hablando
implícitamente de la heterosexualidad obligatoria como fenómeno y como
ideología hegemónica a la que se aspira, incluso a inducir a sus pacientes en
ella “para que sufran menos”. 

La omisión de la existencia
lesbiana y gay (excepto como exótica y perversa) en los discursos políticos,
pero también en el arte, la literatura, el cine; la idealización del idilio
heterosexual y del matrimonio en la televisión, son algunas formas, bastantes
obvias, de obligar a las mujeres y hombres a que se casen y tengan hijos.
Entonces se entiende así a las homosexualidades, que incluye a las personas
trans y travestis, a crear una lógica por fuera de esta heteronormatividad
asfixiante y obligatoria. 

Entonces la pregunta se repite ¿Por
qué construyendo una vida gay, torta o travesti, tener hijxs? ¿Algo no se
terminó de deconstruir y todavía buscamos movernos en espejo en algo que nos
haga ser o parecer normales (normales en tanto soldados de la ley que cumplen
todos, para entrar dentro de la campana o Curva de Gauss). Aunque muchxs
preferimos seguir siendo queer, es decir, raros, anormales, tortas, putos,
trans, travestis. Y dentro de esa anormalidad también podría existir el deseo
de tener hijxs, pero habría que escalecer primero para qué querer tener hijos?
¿Para la satisfacción de unx? ¿Para perpetuarnos a través de sucesores que
lleven nuestra sangre? ¿Adoptando y haciendo algo por el otrx? Habrá tantos
xadres como hijxs, supongo…

Cuando las mujeres, como objetos
del apetito sexual, carentes de contexto emocional o subjetividad individual
pasan a ser una mercancía para ser consumida por hombres. ¿Por qué, a pesar de
ese placer encontrado en ellas se acaba o se simula acabar al casarse y tener
hijos? ¿Qué lógica está operando ahí? ¿No es la de la reproducción
heteronormada, y no cuestionada, la que hace estragos? ¿Qué papel juega la
culpa y el camino a seguir que se enseña por todos lados? ¿Qué lugar tienen las
religiones y sus preceptos morales en imponer una buena forma de movernos en el
mundo y perpetrar seres?

Es muy loco, todavía, ver cómo el
discurso heteronormativo dice y muestra en actos que la sumisión (impuesta por
ellxs) y la crueldad heterosexual son «normales» y condición para una
sexualidad heterosexual; mientras que la sexualidad entre mujeres, o entre
hombres, que incluye reciprocidad erótica y respeto son consideradas
“a-normales”, “perversas”, “retorcidas” o “insanas”, tal como siguen
considerándolas el psicoanálisis en las instituciones reinantes; a pesar de
existir la Ley de Matrimonio Igualitario y La Ley de Género.

Unx xadre lesbiana o un padre gay, que oculta su lesbianismo u
homosexualidad en su trabajo o a sus hijxs, a causa de los prejuicios
heterosexistas, no sólo está forzadx a negar la verdad de sus relaciones fuera
del trabajo o negar su vida privada, como si fuese un pecado o algo malo, sino
que su trabajo y su xaternidad depende de su aparentar ser, no sólo
heterosexual, sino una mujer o un hombre heterosexual, en términos de vestirse
y representar el papel diferencial requerido de la «verdadera» mujer o el
“hombre que se espera que sea para ocupar el lugar de padre”. ¿Qué pasa cuando
no se cumplen con estos estereotipos del que nos cargan creando expectativas y
proyectando sus propias inseguridades, prejuicios e ignorancia?

La heterosexualidad nos muestra «la
opción sexual mayoritaria de las mujeres y hombres normales, bien formados, con
buena educación y apropiada», y nos devela que en realidad se trata de una
institución política y cohercitiva. 

El postulado: “Dos hombres no
pueden ser padres” está sustentado en un viejo paradigma biologisista que se
emparenta con el discurso dogmático- religioso: «Biológicamente, los hombres
sólo tienen una orientación innata —ésta es sexual y dirigida hacia las
mujeres— mientras que, por otro lado, las mujeres tienen dos orientaciones, una
sexual y otra reproductiva, dirigida a la procreación de sus hijos». Mi
propuesta es ser consciente de ello.

Así, lo que queda por fuera de lo
“heterosexual-normativizante” se califica de impuro y repugnante, no de forma
natural sino socialmente transmitido o se la hace simplemente invisible.

Las mujeres, o mejor dicho, la
institución de la heterosexualidad en sí misma, como terreno de conquista del
dominio masculino (dado que las lesbianas no entrarían dentro de la categoría
mujeres; pero ese es otro tema) está difundido y propiciado por el psiconálisis
con la fábula y metáfora de “La horda primitiva”, diciendo implícitamente, y
verificándolo en los actos, que las mujeres «elegirían» la pareja hombre y el
matrimonio heterosexual. 

Así vemos como la heterosexualidad
obligatoria desde lo institucional nos deja hijos, o el mandato de tener hijos;
sobre todo varones, masculinos y que sean útiles a la Patria, para poder seguir
reproduciendo este sistema asfixiante y capitalista de reproducción en serie,
donde el pensamiento y el deseo (perverso y polimorfo) queda afuera del
dictamen a seguir. Claramente estamos hablando de una situación de poder (abuso
de poder) y opresión. Pero también de grietas al descubrir este sistema y de
posibilidades de resistencia y acción.

Las razones económicas que conducen
a la heterosexualidad y al matrimonio y a (las sanciones impuestas contra las
solteras y viudas —las cuales han sido y aún son vistas como desviadas—,
lesbianas o gays) dejan ver los dictados hegemónicos masculinos sobre la salud
física y mental de la mujer (y las sexualidades disidentes) donde no se
examinan los aspectos económicos de la imposición de la heterosexualidad y sus
intereses.

Lo heterocéntrico, salta a la luz, construye el concepto de
heterosexualidad obligatoria y con él del de familia e hijos; es decir el de la
familia tal como la conocemos hegemónicamente, practicando un terrorismo no
explícito, donde se pueden ver, claramente, sus efectos y estragos.

Pareciera ser que las orientaciones
sexuales como las transiciones de géneros van más allá de su cuestión en sí
misma, sino que transita en el sentido de una resistencia y lucha contra la
opresión para cambiar nuestra condición, ya que una historia de opresión nos
pre existe. Sino, pensemos desde cuando los gays y tortas tenemos igualdad de
derecho, con respecto a los hetersexuales, para casarnos o incluso para
parecernos a ellxs al tener o adoptar hijxs.

La clave, quizás, sería el concepto, la palabra llave “Aceptar”. Aceptar. Aceptar. Aceptar. Aceptar.

Por Rodolfo Facundo Soto, editor de www.buenosairesinclusiva.com.ar

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