junio 26, 2022
Cultura Homenaje

Semblanza de John  Main, el monje Benedictino del siglo XX que unió oriente y occidente en la meditación contemplativa  (Segunda Parte)

Por  Miriam Giampietro*

En el El Adan de Abril, comenzamos a contar la historia de John Main, un monje benedictino que tuvo un largo peregrinaje en la búsqueda de la verdad, de la esencia de vida, de buscar respuestas de porque existimos, de cuál es el significado de nuestra vida en la Tierra.

John Main  nació en Inglaterra en 1926, fue periodista, soldado, abogado, diplomático, conferencista  universitario, y luego de un intenso camino espiritual, se convirtió en uno de los grandes maestros sobre Oración Contemplativa: “para muchas personas la fe  ha perdido su significado  y  las instituciones religiosas no  responden a las necesidades espirituales, especialmente de los jóvenes”.

 Su evolución

Después de su paso por Oriente en su juventud, y haber tenido contacto con el monje hindu Swami  Satyananda de quien aprendió a meditar, retorna a Europa para enseñar derecho internacional en el Trinity Collegie de Doublin , hasta ese momento continua con   su práctica de meditación.

En 1959 con 33 años decidió unirse a los Benedictinos en la Abadia de Ealling en Londres, toma el nombre de Juan, en honor a San Juan Apostol. Fue ordenado sacerdote en 1963, y su maestro de novicios lo instruyo para que dejara la Meditación y se enfocara en formas de oración más intelectuales. Le costó mucho dejar la meditación, pero con esa entrega, comprendió cual era el objetivo de su maestro, que aprendiera sobre el desapego.

Desprenderse de la práctica de la meditación que era lo más sagrado para él fue una enseñanza esencial para sus años posteriores.

Once años más tarde es nombrado director de la Escuela Abadia de San Anselmo, en Washington y allí le sugirió a un joven que leyera el libro

Holy Wisdom de un contemplativo benedictino del siglo XVII, Augustine Baker. La lectura de Baker, le hizo retornar a su práctica de meditación.

Baker enfatizaba la vida contemplativa como camino para una espiritualidad madura, abierta tanto a laicos como a monjes. Percibió la eficacia de la recitación de un mantra y de la oración jaculatoria, que, en la cultura cristiana, es una breve oración o invocación.

Main decide en ese tiempo estudiar las raíces de su propia tradición monástica y descubre  las enseñanzas de las Ammas y Abbas, (Madres y Padres del desierto).   Esta tradición que se había sostenido a lo largo de la Edad Media,  practicaban  la sencilla disciplina del monologian,” la oración de una sola palabra”, que ayudaba a controlar las distracciones de la mente, sobre todo en el momento de la oración.

Los Padres y Madres del Desierto eran monjes del siglo III y IV  que tuvieron que huir de la persecución a los cristianos y se fueron al desierto, en busca de otros grupos que se encontraban allí y aprendieron  la “Oración del Corazón”.

Fue de esta manera que el Padre John Main  aprendió, a partir de su propia práctica, que la disciplina de la meditación (a la mañana y a la tarde)   equilibraba todo el día, con una paz y un gozo cada vez más profundo.

La disciplina elegida fue el camino hacia una libertad interior, dejo a un lado,  sus propios deseos o sus propios beneficios a los de los demás y comprendió el significado del mundo ilusorio y del egocentrismo. A partir de allí, comenzó a enseñar la práctica de la meditación contemplativa

La disciplina de la meditación

 John Main decía que al comenzar a meditar se tiene un fervor que, inevitablemente, se debilita con el tiempo: comenzamos, luego dejamos y luego comenzamos nuevamente a menudo, muchas veces. Lleva tiempo incorporar la disciplina básica de la meditación en la vida diaria.

  En este sentido, indica que es importante un grupo de meditación, porque a muchas personas les cuesta la autodisciplina estando solas, pero gracias al apoyo de otros nos fortalecemos. La meditación es simple pero no sencilla y requiere disciplina diaria.

John Main animo a las personas que querían aprender a meditar, a cultivar los dones de la comunidad compartiendo actividades con otros, enfatizando sobre otros aspectos de la práctica:

“La meditación es simple, nos permite estar aquí y ahora, ser nosotros mismos, rompe los límites de nuestro ego, nos lleva más allá de los pensamientos, preocupaciones, recuerdos, emociones, ilusiones y nos lleva al centro donde está la calma, al corazón donde está la fuerza de la vida”.

“Para meditar necesitamos quietud, sentarnos con la espalda recta, soltar los hombros y respirar suave, esto nos da equilibrio físico, pacifica la mente y calma las emociones. Cerrar los ojos suprime todos los estímulos visuales”.

 “La meditación tiene que ver con integrar, unificar y para lograrlo necesitamos de la atención y repetir internamente una palabra breve en el silencio, un mantra que es como ir abriendo camino en un bosque, suavemente, amorosamente”.

 Main enseño a meditar con una palabra sagrada o mantra en arameo que es Ma-ra-na-ta,  que, según sus enseñanzas, repetida en el silencio interno lleva a la quietud,  calma nuestra mente y permite así, la manifestación de Dios en el interior de cada uno.

John Main  comprendió que este era un camino de oración disponible para todos los cristianos y  las personas que no tuvieran una fe en particular y la repetición de una breve palabra o versículo,  conduce  al silencio interior y a la relación profunda con Dios en el interior de cada uno.

Como maestro espiritual, unió la práctica de Oriente con Occidente y condujo a miles de personas alrededor del mundo a descubrir ese “reino interior” a través de la práctica diaria y disciplinada de la meditación y del sendero de la oración contemplativa.

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