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CONRADO NALÉ ROXLO, CON EL CORAZÓN EN CABALLITO

Quien se detenga hoy a refrescarse con un helado o a confortarse con un café en la esquina de Florencio Balcarce y Rivadavia, ¿conoce los duendes que la habitaron?

Si dijéramos que en el  quinto piso del número 15 de Florencio Balcarce vivió un poeta escrutador de estrellas con telescopio y todo, ¿alguien reconocerá su nombre o su pluma?  Los mayores del barrio no podrán dejar de sonreírse ante la evocación de su figura pequeña, con un cigarro constante entre los dedos y una actitud entre pensativa e irónica. Los de las últimas generaciones seguro habrán conocido a su grillo, a su sirena, a Cordelia en la escuela de las hadas, a la difícil viuda y a tantos otros personajes entrañables que brotaron de su pluma.

Conrado Nalé Roxlo debiera pues, por justicia poética, denominarse esta calle que albergó desde 1938 hasta su muerte en 1971 los sueños de tan fino poeta e ingenioso escritor, por añadidura consecuente y constante vecino de Caballito. En el libro «El Balcón del Parque», Miguel Dolan lo define como «un símbolo de la perennidad de la poesía en el barrio de Caballito».

Conrado Nalé Roxlo nació en Buenos Aires, en una vieja casa de la calle Soler. Muy pequeño perdió a su padre y fue con su familia a vivir a San Fernando, más tarde se muda  al barrio de Flores. Desde allí iniciaba diariamente travesías ciudadanas a los empleos ocasionales que le permitían acercarse al centro. En aquellas tertulias conocería a quien fue su amigo de juventud, otro escritor del oeste porteño y definitivamente una figura de la literatura argentina, Roberto Arlt.  Después de un largo peregrinaje, en 1938 se asienta en nuestro barrio, en un espacioso departamento de la calle Florencio Balcarce. En ese bastión o torre de vigía da a luz lo más importante de su obra de madurez: «La Cola de la Sirena»,  «El Muerto Profesional», «Un Grillo», «Una Viuda Difícil», «La Escuela de las Hadas», «Cuentos de Chamico» y tantos libros más.

Desde las ventanas que dan al parque Rivadavia, mirando a través del telescopio, jugaba con sus hijas a adivinar los precios de las confituras de «La Ideal», de José María Moreno y Rivadavia.

A partir de 1959, Conrado Nalé Roxlo comienza a escribir una suerte de ensayo de memorias por entregas que va publicando semanalmente en el diario «El Mundo».Estas memorias no terminaron de publicarse ya que a Nalé se le ocurrió morirse. La paciente pluma de su amiga, la profesora María Hortensia Lacau, tiempo después compiló los textos y publicó un volumen titulado «Borrador de Memorias».

Ahora bien, ¿no será el momento de restablecer un poco de justicia poética y honrar de algún modo la memoria de Conrado Nalé Roxlo y Roberto Arlt, amigos en la literatura, haciéndolos próximos geográficamente en nuestra memoria? ¿No sería contribuir a la identidad barrial y a la memoria vecinal proponer el nombre de Conrado Nalé Roxlo a la cortada Florencio Balcarce y reinstalar en su calle el de Roberto Arlt?

Ramón Pisos

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