septiembre 28, 2021
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ALEGRÍA! A 11 AÑOS DE LA LEY DEL MATRIMONIO IGUALITARIO

16 de julio, 2021

A 11 años de la Ley del Matrimonio Igualitario, que nos posiciona en igualdad de derechos y respeto que las personas heteronormadas, www.buenosairesinclusiva.com.ar reproduce la crónica que Facu Soto escribió para el libro Alegría (Ed. Saraza) donde comienza contando cómo fue la víspera de este singular, único e irrepetible momento de emoción que vivimos en la Argentina.

ALEGRÍA

A toda la gente que está sola

15 de julio 2010

Miro
por la ventana del bar que está en la esquina de la Plaza del Congreso. Una
multitud espera los resultados de las votaciones. Levanto la cabeza y veo la
imagen que está afuera, adentro, en la pantalla del televisor. La gente flamea
banderas y espera los votos. En el bar entran y salen permanentemente, y  el bullicio y los cantos de afuera, como la
hinchada de un equipo de fútbol, se escuchan desde adentro. Un amigo entra al
bar de la mano de Tobías, su novio nuevo. Nos abrazamos. Cuando me da un beso
siento su cara, está fría. Detrás de él aparece un chico que no conozco, me da
un abrazo. Veo alegría en sus ojos, pero cuando se saca el gorro de lana con
los 7 colores del arco iris, descubro que más que alegría es ansiedad lo que
tiene; se come las uñas. La tele dice que llevamos 10 horas esperando la
aprobación de la ley. Cuando me siento veo dos chicas apoyadas en el borde de
una mesa. Se acarician y se besan.

  • Debe de
    estar esperando a alguien… ¿no?
  • Sino
    ¿Qué garcha va a estar haciendo solo, no?

Observo al
chico que está solo. Parece de veinticinco. Tiene el pelo corto, con un jopo
rubio, y está rapado en los costados. Lleva una cadena plateada con un círculo
en el medio, como si viniera de otra galaxia. El camafeo le cuelga como si
fuese un rapero; también parece el colgante mágico que usa X Men.  En el respaldo de la
silla hay una campera de gimnasia, de Argentina. La gente pasa sin parar. Me
levanto y distingo una taza de café en el borde de su mesa. Después un grupo de
hombres se instalan adelante, y ya no puedo seguir viéndolo.

Julián pide un té
y una Coca para Tobías, su novio; después empieza a hablar sin parar. Dice que
si ganamos la ley va a organizar una muestra con las fotos que está sacando.

  • ¿Y si
    perdemos?
  • Me las
    meto en el orto. Una por una, como un collarcito…

Me pide que mire
por la lente. Después me la pide, la agarra y saca una foto apuntando para un
lado, y otra para el otro. Sigue sacando fotos mientras habla de su proyecto,
de su muestra fotográfica. Cuenta que fotografió a un chongo cagándole  en el pecho a otro, y que con los soretes
dibujó un corazón.

  • Qué
    tierno…
  • No es un
    lugar cool, con gente culta y open mind, como la gente piensa. Nada que ver,
    chicos… Mi laburo es una mierda… -Y vuelve con la frase – si ganamos- y empieza
    a enumerar una serie de cosas que haría “si ganamos”- Le voy a gritar en la
    cara, a los fucking estructurados pakis héteros de mierda de mi laburo que me
    como la pija, doblada y dormida. Acostado y parado.

Yo largo una
carcajada y escupo el café, salpicando la mesa y la cara de Julián, que
mientras agarra servilletas para limpiarse repite mi nombre como mi abuela.

  • Ay,
    Facundo. Facundo. Facundo…
  • Me vine
    a esta mesa para quería estar más tranca. Quiero ver cómo van los votos, pero
    bue…
  • ¿Pero
    bue, qué? Decilo…Decilo.
  • Si
    queres nos vamos…
  • Pitufo
    Gruñón.
  • No, allá
    es un quilombo; los chicos hablan fuerte y…
  • Mejor
    vayamos con ellos…Es más divertido…
  • ¿A dónde
    están que no los veo?- me pregunta Julián.
  • Del otro
    lado del salón.

Cuando nos
levantamos Tobías me pregunta cómo van los votos. Pienso que esto se parece al
mundial; le digo que en verdad me chupa un huevo. Miro por la ventana. Pasa un
grupo de cristianos con banderas que dicen “Ni unión, ni adopción. Sólo
varón-mujer”. Los que van atrás caminan rezando del brazo, haciendo un cordón
humano.

  • Ah nooo-
    dice una loca sacada, abriendo la puerta y saliendo a la calle. Afuera grita-
    Hijos de puta. Hipos de puta. Chupa cirios.

Uno grupo de
chicos lo empujan hasta meterlo adentro del bar, y le explican que no tenemos
que reaccionar de esa manera.

  • Porque
    sino vamos a terminar siendo como ellos- le dice uno de anteojos, onda Clark
    Kent, agachándose para mirarlo a los ojos.

Lucio  se acerca y me pregunta si vi eso. Fede le
paga al camarero, que tiene una peluca con la bandera del arco iris, y salimos
a la calle. Afuera sigue la gente, y el frío.

  • Wow,
    cuánta gente, hermoso- me dice Pablo al oído, agarrándome por la cintura y
    haciéndome girar para que lo salude- La tele dice que hay más de cuarenta mil
    personas. Lucio  lo escucha y abre los
    ojos como un plato volador.

“Cuarenta mil putos juntos… Esto sí que es una
delicia”, dice mi amigo mientras se mezcla entre la gente, caminando con pasos
exagerados, como desfilando, con las piernas marcadas por el pantalón de cuero
y un gamulán largo, que abre y cierra al ritmo de la música de una agrupación
LGBTTIQ que canta: “¡Iglesia! ¡Basura! ¡Sos la dictadura!”. Caminan, saltando y
gritando, detrás de un grupo de católicos. Pienso que en cualquier momento se
va a desatar una pelea. Los camarógrafos de la tele buscan a las travestis más
zarpadas, las que están en tanga, con el culo al aire, o las que se sostienen
en enormes plataformas con mariposas en las pestañas; pero hace frío y no las
encuentran. Entonces nos enfocan a nosotros, que respondemos con movimientos
pélvicos y “Fuck you”; después nos perdemos entre la gente. Hay parejas que
caminan de la mano, comiendo garrapiñadas, copos rosas de azúcar, o comen hamburguesas
con lechuga y tomate, otros muerden un choripán jugando con el chorizo. El humo
de las parrillas forma una nube que se extiende por arriba de nuestras cabezas.
El cielo, a pesar del frío, todavía sigue azul. Un grupo de tortas saltan como
si estuvieran en la popular de Boca. Algunos solitarios pasan como si fuesen
extraterrestres, mirando todo como si vinieran de otro planeta, sin hablar con
nadie. Pienso en El club de corazones solitarios y entre la gente veo a Ioshua.
Tiene el equipo de gimnasia con el que anda siempre, anteojos negros y una
gorrita nueva, que no conocía. Me llama la atención verlo solo, porque conoce
mucha gente. Es que siempre estuvo solo, me digo perdiéndolo entre la multitud.
Recuerdo una película donde el protagonista termina preguntándose qué hubiera
pasado si el chico que muere hubiese encontrado un amigo de verdad. Camino
directo hacia él, pero no lo encuentro. Pido permiso a la gente y voy
esquivando espaldas, cabezas con pelos de distintos colores hasta que lo veo a lo
lejos. Me pisan. Me llevan por delante. Me hacen girar como un molinete. Quedo
dado vuelta. Salto como un resorte y lo veo. Ahora está detrás de mí. Lo
tengo  enfrente y me decepciono. No es
Ioshua. Tampoco un doble como esos actores que pagaba Andy Warhol para que
fueran a dar una conferencia en lugar de él. Se trata de una persona parecida a
Ioshua. Me mira y me pregunta algo con la mirada.

-Disculpá, te confundí con un amigo.

-Sí, ya sé. Me pasó otras veces. Los negros cabezas somos todos iguales- me dice con una voz que no es la de Ioshua. Me río. Me disculpo. Le doy la mano y me voy.

Facu Soto, autor del libro “Alegría” donde retrata las vísperas de la sanción de la Ley del Matrimonio Igualitario.

Me vuelvo a
encontrar con los chicos cerca del escenario, donde hay una concentración de
pakis con sus novias.

  • Las
    mantienen abrazadas como si se les fueran a escapar.
  • O como
    si quisieran decirnos “estamos acá, pero miren que nosotros somos héteros- dice
    Rodry- No nos quieran levantar que nosotros no somos putos como ustedes…
  • Por ahí
    tienen frío, no seamos jodidos, y por eso las abrazan… Che, no seamos tan
    malos…Están acá, haciéndonos el aguante- dice Fede mientras baila con la música
    que viene del escenario. Fede exagera los movimientos, como si estuviera
    apasionado, transmitiendo emoción y energía.
  • Yo a
    éste pelotudo  lo conozco- dice Pablo-
    Iba siempre a la casa de Diego. Diego estaba escribiendo algo sobre él, para
    una revista. Y cuando éste, este forrazo, vio la foto de Diego con su novio le
    preguntó quién era. “Mi novio”, le dijo Diego. “¿En serio?” “Sí, ¿por?”
    “Porque, todos en el fondo…, llevamos el prejuicio en la sangre”, le dijo.
  • ¿Quién?
  • Este
    forrazo, pa. El cantante. Ese títere que está en el escenario…
  •  No te puedo creer…
  • Y el
    pobre se quedó medio decepcionado.
  • ¿Con
    quién?
  •  Me estás prestando atención ¿o te estás
    calentando con el de gorrita roja?
  • No
    escucho bien, por la música…
  • Porque
    no era pajero como él, con las chicas… ¿Podés creerlo?
  • Y
    después de eso no fue más a su casa… Como si ir a la casa de Diego fuese… no
    sé… como si Diego lo fuese a contagiar… y después el otro se hacía puto por…
    por osmosis… O si se lo iba a querer coger por la fuerza… Cualquiera…
    Imaginatelo a Diego violándolo…
  • No, no
    me lo imagino. A Diego no.
  • Y te
    puedo asegurar que este mamarracho no es el tipo de pibes que le gusta a Diego.
    Ni ahí…
  • ¿Y que
    hace tocando acá?
  • Eso me
    pregunto yo…

Cuando estamos
llegando a la parte de atrás del Congreso veo pasar un huevo por el aire. Lo
sigo, y al segundo estrella contra la pared. Veo pasar otro. Me agacho sin
dejar de oír el zumbido como si fuese un mosquito; pero es una lluvia, una
tormenta, de huevos.

-Cuidado con los
huevos voladores- dice alguien.

Una hilera de
colectivos naranjas, llenos de evangelistas, gritan con sus pancartas en lo
alto, como queriendo agujerear el cielo. Mi
amigo me levanta en los hombros para que lea lo que dicen: “Queremos papá y
mamá”. Le dicto a Pablo lo que leo, para que él lo suba a Facebook: “papá
+ mamá = matrimonio”, “Todo niño tiene derecho a tener un papá y una mamá”,
“Familias Formando Familias”. Otro, dice: “Fieles Felices Fecundos”. Yo les
respondo “Forros Fallados Foludos”, y levanto el dedo anular con bronca,
después me río. En esa agrupación alcanzo a distinguir a D’Elía, y a un puñado
de sindicalistas que los apoyan. Mi amigo me baja de su nunca y me deslizo por
su cintura como si estuviera en un tobogán. Le pregunto a Pablo si lo que le
dicté lo subió a Facebook. Mi amigo cuenta 16 micros de la CGT, Azul y Blanca,
que lidera Tobías Barrionuevo. Llega uno más, cargado de peones rurales,
vestidos con bombacha de campo, boina y alpargatas, al mando del Momo Venegas.
Aparece un cordón de policías que nos empujan hacia atrás. La lluvia de huevos
se interrumpe y no sé qué va a pasar con el Matrimonio igualitario.

-Hay mucha gente
de derecha, pero también socialista y machista- dice mi amigo tratando de tomar
aire. Yo levanto la cabeza y apenas puede respirar. Me siento como un lápiz de
color en una cajita de cartón.

-El poder de la
iglesia es enorme, Facu- responde mi amigo mientras busca a Tobías, al que
perdió en la corrida.

“¡Iglesia!
¡Basura! ¡Sos la dictadura!”, canta un chico con el que juego al fútbol en Los
Dogos intentando empezar de nuevo el cántico y la arenga; pero esta vez nadie
se prende y el canto se apaga con su voz de sandía. Alguien dice que es mejor
volver al bar para ver cómo van los votos.

El periodista que
estaba en la vereda entra detrás de nosotros y dice:

“Estamos en un
bar, frente al Congreso. Ha sido tomado por la comunidad gay y se transformó en
un bunker gay. Vamos a hablar con la gente, a ver cómo están acá los muchachos
(porque se puede ser muchacho y gan, ¿o no?, viviendo este momento de
expectativa y tensión”.

Sin decirnos nada
nos mete el micrófono en la boca. Al principio nadie habla, y el periodista va
pasando el micrófono de boca en boca hasta que llega a Rodry.

-¿La verdad, man?
Me parece que todo esto es una fantochada. Una garcha total… Qué estemos acá,
pidiendo ser iguales que estos…Mmmm… Es una ganzada…

-¿A qué te
referís?- pregunta el periodista mirándolo fijo como si fuese un reloj.

-A estos…-, dice
Rodry, señalando a un grupo de católicos que están con las pancartas en alto y
después al camarógrafo y al periodista- Es ridículo… No entiendo…
Queremos  tener los mismos derechos que
los fucking héteros, estas lacras que nos marginaron durante años… ¿Qué
queremos? ¿Eso queremos? ¿Ser miembros honorables de la sociedad y dar el
ejemplo de lo que tenemos que hacer? Pero, por favor… no me hagan reír… Que la
chupen…

Nos reímos y el
periodista, asombrado, le saca el micrófono. Se queda pensando unos segundos y
pregunta:

-¿Y vos por qué
estás acá?

-Acompañando a la
gilada, ¿viste? ¿Qué voy a hacer, quedarme en casa mirando una porno? ¿Chatear
en Manhunt? Si todos los putos están acá. 

El periodista
levanta la mano, para que la cámara vuelva a enfocarlo. Mirando la luz roja dice:
“Bueno, acá tenemos la opinión de un señor, que por supuesto no representa a la
totalidad de la comunidad gay, que está aquí reunida, que son más de 40 mil. Y
que ni el frío los para…  Siguen al pie
del cañón. Y otros, como vemos, son los disidentes que nunca faltan en ninguna
parte…”. El periodista sigue hablando y nosotros dejamos de prestarle atención.

Al silencio de
nuestra mesa se lo lleva la correntada de aire que entra cuando abren la
puerta. Aparece César Cigliutti, el presidente de la CHA, acompañado por dos
locas. Algunos se acercan a saludarlo y otros lo aplauden.

-Mirá- dice
alguien.

-Ya lo vi- le
digo mirando a la gente que está afuera, que de lejos parecen manchas de
colores. Hay paraguas levantados y banderas del arco iris por todos lados. La
plaza está repleta, más que antes; y ahora distingo pancartas que dicen “Sí,
quiero” y creo ver de nuevo a Ioshua, vestido todo de negro, con anteojos
negros, entre las manchas de colores. ¿Será él? ¿Será su doble? Pero… No hay
dobles, pienso, nadie puede ser igual a otra persona: Todos únicos, pienso, y
me río de la obviedad que estoy pensando.

  • Mirá-
    dice Fede.
  • Ya lo
    vi- le digo observando a la gente que está afuera, que de lejos parecen manchas
    de colores. Hay paraguas levantados y banderas del arco iris por todos lados.
    La plaza está repleta, más que antes; y ahora distingo pancartas que dicen “Sí,
    quiero”.

Miro a Fede. Fede
no mira a Cigliutti, sino al chico que está solo, en la mesa del rincón, cerca
de las escaleras. Ahora hay un gato en su mesa, que sonríe por las caricias que
el chico le hace en el lomo.

  • Me
    encanta- dice Rodry- Es hermoso… Ese color canela que tiene… Mirá esos ojos… Y
    como está echado. Tiene seguridad, como si no tuviera ninguna preocupación.
  • ¿Y qué
    preocupación podría tener un gato?- le pregunto tomando el último sorbo de mi
    café.
  • Está
    fuerte- digo, y antes de que alguien diga algo agrego- La borra del café. Hay
    gente que la lee…
  • …Y yo me
    la como… Mirá.
  • Ya
    sabemos que vos te la comes. Todos acá nos la comemos.
  • Yo no-
    dice con miedo el chico que estaba solo acariciando el gato, corriendo la única
    silla libre que había en nuestra mesa.

Rodry lo había
ido a buscar, sin que nadie se diese cuenta. Fede lo mira desde abajo.

– Correte,
Facu, dale, así le hacemos un lugarcito a…

– Matías.

– A
Matías. 

– ¿Vos, man?
¿Qué pensas de esta ley que nos quiere igualar a todos, como si fuésemos lo
mismo…- le pregunta Rodry dándole la mano de manera canchera.

El chico se
acomoda en la silla, y con timidez contesta:

  • Está
    bueno que tengan los mismos derechos. El que quiera que se case, el que no, no;
    pero está bueno que puedan hacerlo, como todo el mundo…
  • No, man,
    no es así. No es lo mismo. Yo no soy igual que vos. A ver… ¿Vos decís que sos
    paki?
  • ¿Paki?
  • Hétero.
    Straight.
  • Ajá.
  • Bueno,
    entonces, ¿ves? Somos otra raza. ¿Entendes? Somos otra raza. No hay vuelta que
    darle. Es así…
  • Por más
    que queramos ser como vos, somos de otro palo, man. Nos criamos de otra manera…
    Si esta ley del orto sale; y espero que no, ya vas a ver lo que pasa…Ya me van
    a dar la razón.

Lucio , Pablo,
Julián y Tobías se le tiran encima, le golean la cabeza con las manos abiertas,
y a veces con los puños cerrados; pero despacio. Yo le hago cosquillas en la
panza. – Cuidado. Cuidado que van a tirar todo, che…

  • Si sale…
    ya me van a dar la razón… Ya van a ver, man. No somos iguales. No hay vuelta
    que darle. Vivimos cosas distintas, no podemos ser iguales.
    Históricamente…nunca lo fuimos…- mientras Rodry termina de hablar saca su
    iPhone del bolsillo. Le pide el user a Matías, para agregarlo al Facebook.
    Después lee los comentarios que la gente escribió en el blog Boquitas pintadas, del diario La Nación– Mirá lo que pone tu amiga la
    trava, La Karen
    Bennett
    : “Existen únicamente dos especies que cogen con el fin de la
    reproducción de la especie: las bestias y los forros homofóbicos de este blog.
    De ahí para arriba empieza la humanidad”.
  • ¿Y qué
    le respondieron?
  • Dale,
    dale, lee.
  • Lee.
  • “Sí,
    claro…como si vos pudieras quedar embarazada… Aflojale al paco que te hace
    mal”. Y ella responde “Acá la única que queda embarazada sos vos. Aflojá con
    los alfajores, que engordan”.
  • Seguí
    leyendo. Seguí que están buenísimos- dice Rody.
  • Vos no
    tenes vergüenza… A vos todo te chupa un huevo, todo- le dice Julián.
  • A ver,
    cállense un poco, a ver qué pasa, che.

Un grupo de
gente se acerca a la mesa de Cigliutti. Me levanto, camino unos pasos y alcanzo
a oír lo que dice:

  • Ya están
    por votar, aguanten, no se vayan, estamos dos votos arriba.

Llueven los
aplausos. Los abrazos. No alcanzo a seguir escuchando lo que dice Cigliutti.
Después se levanta y sale acompañado con las locas con las que entró. Tobías se
levanta y va hasta la caja. Paga la segunda ronda de café.

  • Ey, ¿y
    vos, July, te casarías, con Tobías?
  • Naaa, ni
    en pedo.

Al rato vuelve
Tobías con algunos billetes en la mano para dejar la propina. Cuando se sienta
le dice a su novio:

  • Papi, si
    sale la ley… Si sale, ¿nos casamos?- Julián lo mira. Se ríe nervioso. Le dan un
    beso con los ojos bien abiertos. Los cierra, pero enseguida los abre. Me mira
    sacando el iris para afuera, como si quisiera que lo tragara la tierra, y
    parece que se queda sin respiración.

Mientras
bostezamos, inmersos en nuestros pensamientos, un grito nos saca del
adormecimiento. Están dando el resultado por la tele: 33 a 27. Saltamos. Nos abrazamos y festejamos. Un mozo corre a bajar
el volumen de la tele. Alguien le alcanza un pen drive al chico de la
caja y en los parlantes del bar aparece el himno “I will survive”. Nos ponemos a bailar desenfrenados. Algunos se
suben a las sillas, otros cantan abrazados y gritan la canción mientras miran
la multitud que está en la plaza, también saltando y festejando, flamean las
banderas como si a través de ellas liberaran la bronca que guardaban desde hace
años.

Algunas voces, ya roncas, otras resquebrajadas, y otras jugosas como un
durazno maduro y perfumado, se unen y cantan llenas de emoción. Todos bailamos
y gritamos contentos. Emocionados. El festejo se multiplica.  Sacudo la cabeza y lo único que veo es
alegría. Alegría por todas partes.  Se
oyen petardos y fuegos artificiales explotan en el cielo formando mandalas de
colores, túneles que se abren para dejar lugar a otros túneles; estrellitas
plateadas se elevan por el cielo. Colores que explotan y agujerean el cielo.
Pero la noche debe más allá de la plaza está oscura y fría, como todas las que
Ioshua habita desde que vive en la calle, pienso mientras busco su mirada en la
multitud, y no la encuentro.

Después aparece “Go West” de los Pet Shop Boys; seguimos
bailamos desenfrenados. Yo bailo un poco con cada uno, mirando a los ojos al
que tengo enfrente; quiero bailar con todo el mundo. Dejo que mi cuerpo se
mueva y bailo, me hago música con la música. Me desintegro para integrarme y
ser masa con la multitud; pero reconozco a cada uno. El festejo se
multiplica.  Sacudo la cabeza y lo único
que veo es alegría. Alegría por todas parte.

“No quiero ser invisible, pero tampoco me alcanza el permiso del orgullo
mercantilista. No me quiero casar como un heterosexual”, me había dicho Ioshua
hacía unos días, tomando una cerveza roja, artesanal, en El Federal; y era
parecido a lo que había escrito en Ni
ilegal ni invisible
.

Sueltan globos de colores que se elevan y se pierden en el cielo. Pienso
que es el mismo cielo que veía con mamá y papá cuando era chico y nos íbamos a
sacar foto a esa plaza. Y pienso que ese mismo cielo va a seguir estando cuando
yo deje de existir, mientras saltamos en ronda como si hubiésemos ganado el
Mundial. Un amigo me dice que va al baño (habíamos dejado nuestras mochilas,
celulares y algunos abrigos en la mesa). Otro dice que se va; el chico nuevo lo
sigue. 

“Yo quiero poder elegir mucho más que una boda o una discoteca. Yo
quiero tener habilitadas todas las herramientas necesarias para ser digno y
autónomo de las reglas y modelos que nos oprimen en Latinoamérica”, escribió en
un fanzine que leí antes de ir a la marcha, como un mensaje secreto.

Desde
la carpa de la FALGBT arrojan papeles
plateados por el aire y la lluvia parece de estrellitas. Me acuerdo cuando era
chico y mis viejos me llevaban a los recitales de verano, en Barracas de
Belgrano. La sensación de libertad es parecida, pero esta es más intensa, nueva
y única. Otras organizaciones, como el INADI, emprenden una caravana hasta el
escenario, con trompetas y saxos; abriéndose camino si fuesen juglares de la
Edad Media que ingresan a la ciudad. Lo siguen los Putos peronistas que bailan desaforados como si estuviesen en una
murga, sin importarles el frío. Los
que caminamos de la mano, haciendo un cordón humano nos conocemos, pero no
todos; aunque algo nos une como si nos conociéramos de toda la vida. Un grupo
de chicos caminan bailando con ponchos y pasamontañas, llevan quenas en el
pecho y parecen dibujitos animados, saltando y suspendiéndose en el espacio. El
frío se acrecienta a medida que nos internamos en la noche. Pasa el tiempo y la
temperatura sigue bajando. Los chongos del Movimiento
Evita
están a full con el bombo, poniéndole el pecho al viento, que por
momentos parece agujerearnos y en otros nos llevan por el cielo como Mary
Poppins; pero nadie se congela.

En el bar saco el
libro de Ioshua y leo lo que escribió: “Lejos de criticar los mecanismos y
estructuras del poder K, insisto, me llama la atención la pasión K que se
despertó en algún promedio de la comunidad LGTTIB de Argentina. Desde personas
que salen a pedir apoyo al modelo K, hasta otrxs que ahora declaran su absoluto
e indiscutible apoyo a este modelo. ¿Todo esto por una ley de matrimonio? Ahora
pareciera que legalizar la posibilidad de un matrimonio entre personas del
mismo sexo hace olvidar cualquier mínima o razonable distancia crítica con el
poder o, al menos siquiera, el ejercicio básico del pensamiento en pos de una
mirada más amplia que dé su justa medida a las agencias mediáticas. Si esta ley
de matrimonio beneficia a algún sector, está bien… al menos a quién le sirva
por diversas cuestiones”.

Cuando la madrugada
avanza, la gente comienza a disperse por las calles laterales, llenas de
botellas vacías, papeles y restos de comida. En las calles cortadas y vacías
los semáforos brillan como señales misteriosas. A medida que nos
desconcentramos, la alegría parece ir apagándose. Alguien hace un
comentario  favorable sobre el casamiento
igualitario. Y otro, el que estaba de acuerdo, dice que es una gansada.

Matías camina con
la campera de Argentina en la mano. Rodry corre hasta alcanzarlo. Hacen una
cuadra sin hablar hasta que doblan; yo los sigo. Matías hace un comentario  favorable sobre el casamiento igualitario.
Rodry pone cara de no importarle el tema, hasta que le vuelve a decir que es
una gansada.

  • ¿Qué?
  • Eso de
    tratar de ser como los demás… Ridículo… Ya te lo dije… Querer imitar a los
    héteros, perdón vos decís que sos hétero, no está bueno ser hétero o querer
    serlo cuando no lo sos…
  • Pero
    tienen que tener los mismos derechos…
  • Sí, man,
    pero ser puto es otra cosa, es eso: es ser puto. Pu-to. ¿Ahora queremos formar una
    familia? Bah, ¿Qué se yo? Todo bien…

Llegan a la
esquina del Paseo La Plaza. Rodry lo mira. Encuentra un brillo, un aura en el
cuerpo de Matías, que lo hace sentir un apego irrefrenable a él, algo que lo
atrae como un imán.

– ¿Entramos?
¿Vamos allá?

– ¿A dónde?

– Ahí, al
Paseo La Plaza.

Al cruzar la
calle sienten el viento que los embolsa. Se les dificulta seguir cruzando la
calle. Caminan atravesando el paseo. Se paran en una vidriera donde venden cds.
La tienda está cerrada, pero igual contemplan las tapas y los nombres de grupos
que escuchan, y los que no escucharon pero que les gustarían escuchar. Después
miran hacia la avenida Corrientes, que se la ve lejos, como una salida al mar.

Ya es un día
de semana, hay poca gente en el centro y todavía está oscuro, el cielo parece
verde y faltan pocos minutos para el amanecer.

Ioshua, entre
tanto bullicio mediático, dijo: “Saludo con simpatía cualquier gesto y acción
de amplitud e inclusión, pero eso no es suficiente para ganar mi voluntad y mi
dirección.  Quienes no tenemos bandera ni
conocemos de pasiones políticas, por decisión y definición, ni de
especulaciones partidarias, miro con sorpresa esta aparente nueva realidad de
que ahora marica parece que se escribe con K”. Guardo Clasismo Homo, el
manifiesto político de Ioshua, y escucho Soy
lo que soy
. No puedo evitar entrar al bar, y sin conocer a nadie, meterme a
cantar hasta sentir que me vacío, que dejo todo en esa letra y esa música que
escuché tantas veces en soledad.

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